Homilía del padre Damián

La Palabra de Dios que escuchamos en este 1º Domingo de Adviento nos invita a tener la cabeza bien alta y los ojos bien abiertos y es que sólo el que así actúa se da cuenta de lo que pasa a su alrededor y pone remedio...

Si echamos una ojeada al mundo descubriremos que vivimos en una época nada fácil: vemos temblar muchos valores humanos, el valor de la vida, de la familia, de la economía, de la espiritualidad... y terminamos admitiendo que el mundo ya no es lo que era... o que tiempos pasados fueron mejores..."

En medio de esta tormenta el Señor nos dice que no nos dejemos embotar la mente con los agobios de la vida... porque Dios nos regala la fuerza y la serenidad para que experimentemos que después de la tormenta, sin duda..., vendrá la calma.

Al igual que estos días veremos encender esas "pequeñas luces de colores" que alumbran nuestras calles... pensemos que, en medio de tanta oscuridad, nosotros somos cada una de ellas que unidas iluminan, guían y recuerdan a los hombres y mujeres del mundo que hay Alguien que ya vino en carne y hueso hace más de 2.000 años... que transformó nuestro mundo con sus palabras y que cumplirá su promesa de venir al final de los tiempos...

Se trata, por tanto en este Adviento, de despertarnos de nuestra ( pereza- inconformismo, pereza o indiferencia) y experimentar que el Señor viene y, sin duda, su venida cambiará radicalmente nuestra vida...