Moniciones y homilía

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenas tardes   /   Buenos días… Bienvenidos, en este tiempo de esperanza –que es el ADVIENTO- a este hogar en el que, Jesús, nos da la fuerza necesaria para ser fuertes ante las dificultades y, donde el Espíritu, nos enseña a guardar, cuidar y reservar los caminos de nuestra vida para que el Señor nazca en nosotros.

En este día celebramos la INMACULADA CONCEPCIÓN.  Nadie, como Ella, nos puede indicar los caminos que nos llevan a la Navidad. Su pureza, su alma limpia, su interior lleno de Dios.

Pidamos al Señor por nuestras madres. Que nos ayuden a crecer como hijos de Dios y que, Dios, les dé también fuerza y fe para acompañarnos al encuentro del Señor que viene. Nos ponemos de pie.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

El mal es una realidad en el mundo. Si miramos a nuestro lado, enseguida, comprobaremos que el mal abundad y sale por todas partes.

Las lecturas que vamos a proclamar nos recuerdan que, el mal, está en la enemistad del hombre con Dios. Es decir; cuando el hombre se empeña de irse por otros caminos lejos de Dios. Que María nos ayude a luchar por el bien y la bondad en nuestro mundo.

 

PETICIONES

1. Creemos en Dios. Para que la Iglesia sepa llevar a los hombres a su lado. Roguemos al Señor.

2. Creemos en Jesús. Para que hagamos lo posible por transmitir en nuestros ambientes que somos cristianos y que, Jesús, es Alguien importante para nosotros. Roguemos al Señor.

3. Creemos en el Espíritu. Para que El nos ayude a preparar nuestras almas, nuestras casas, nuestras actitudes y nuestras personas ante la llegada de Jesús en Navidad. Roguemos al Señor.

4. Creemos en la esperanza. Para que la Virgen Inmaculada proteja al mundo. Hay muchas complicaciones, crisis, paro, pobreza. Que no perdamos la ilusión de creer y esperar en Dios. Roguemos al Señor.

5. Creemos en el cielo. Que este tiempo de Adviento sirva para acercarnos más a Jesús. Que este tiempo de Adviento nos ayude a ser más solidarios, más cercanos con los que sufren. Con nuestras familias. Con nuestros amigos. Pidamos, además, por todas nuestras madres. Roguemos al Señor.

 

Homilía Inmaculada Concepción

 

Si buscas un camino, que te conduzca hacia el bien de la vida, no dudes en recurrir a la fuente de sabiduría escondida en el corazón de una madre.

1.- Vamos avanzando hacia la Navidad. Y, empujados por el adviento, sentimos el soplo puro y fresco de la Inmaculada Concepción.

Misterio y, a la vez, tan metido e inteligible, cercano al corazón de los creyentes. No nos cuesta demasiado entender que, María, al ser acariciada por Dios iba a ser un ser excepcional, intachable, limpio. Porque, Dios, todo lo que mira y a todo lo que se acerca, lejos de desvirtuarlo, lo plenifica y lo llena con más vida.

Misterio mariano, el de la Inmaculada, que Dios –al entrar en toda su potencia en María y al salir humanado de sus entrañas- preserve a María limpia, radiante y bella. El pueblo, creyente y amante de la Virgen, siempre lo ha visto y sentido así.

Y, en esta solemnidad, vemos que donde crece el pecado, luego con María, abunda la gracia y la beldad. Con el nacimiento de Jesús, salido del seno virginal de María, comienza la operación rescate más arriesgada por parte de Dios: se hace uno de nosotros (se mete en la funda de la humanidad), siendo Pastor se hace oveja….para tomar al hombre de la mano y conducirnos hasta El. ¿Puede hacer algo más por el hombre el Creador? ¡Sí! ¡Por supuesto! Dejarnos este impresionante regalo de una mujer purísima y llena de gracia: ¡MARÍA!

2.- ¡Algo bueno tiene el agua cuando la bendicen! (canta el viejo proverbio). María, salvaguardada de todo pecado, entra y participa de lleno en los sucesos de la salvación de la humanidad. Fue un don y un privilegio de Dios. Su hondura y su pobreza, su humildad y su respuesta…no hicieron sino sellar lo que hoy celebramos y conmemoramos. Hoy, María, como el hombre en Navidad, es visitada por el mismo Dios. Todo el engranaje, movido desde siglos, se detendrá y nos descubrirá un sabroso final: DIOS ESTÁ CON NOSOTROS, DIOS SE HACE HOMBRE, DIOS NACE DE UNA MUJER.

3.- La fiesta de la Inmaculada es la antítesis de lo que estamos acostumbrados a presenciar en el mundo. En Ella, todo es gratuidad, belleza, sencillez, limpieza y transparencia. ¿En el mundo? Cada uno, cada parroquia, cada persona, cada institución hemos de reflexionar que valores encarnamos y qué decimos con nuestras actitudes. Posiblemente, en algunos aspectos, tendríamos que recuperar el espíritu inmacularista, la identidad que hicieron de María alguien grande y hermoso, a los ojos de Dios, y algo cosido a las entrañas de nuestra piedad cristiana.

Tal vez, en nuestra sociedad, sobran muchas modelos y….se echa en falta esa otra “gran modelo” para un mundo mejor, para una buena vida cristiana: ¡MARÍA!

4.- Que Ella, la Virgen María, nos haga explotar y vibrar de alegría en esta su fiesta. Que demos gracias a Dios por nuestras madres. Que ensalcemos, más allá de las presiones mediáticas del momento, los valores más genuinos e identitarios de esta fiesta de la Inmaculada. Que, mirando a María, vayamos también haciendo de nuestros corazones y de nuestras almas unas dignas posadas para que, cuando el Señor venga, encuentre un lugar donde instalarse.

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1.- En medio del Adviento irrumpe con alegría la fiesta de María Inmaculada para recordarnos que nuestra esperanza no es vana, que es posible vivir el proyecto de Dios, que María, una de los nuestros, lo hizo realidad en su vida, desde el principio hasta el final, no sin dificultades, pero lo hizo. Podríamos utilizar esa palabra que últimamente está tan de moda en las campañas electorales para expresar lo que esta fiesta quiere remarcarnos de la vivencia de nuestra fe en la vida de cada día. Esa palabra es: “podemos”. El proyecto de Dios es posible en cada uno de nosotros. Para ello es importante que nos fijemos en las virtudes que hicieron posible que María fuera el “espacio” donde la Palabra pudiera encarnarse. Esas virtudes se convierten en una invitación en este tiempo de adviento a seguir allanando los caminos para dejar que Dios venga a nuestras vidas de manera total y plena.

María recibe el anuncio del ángel de que va a ser la Madre de Dios, como hemos escuchado en el Evangelio. Y María reacciona desde la humildad. No busca grandes honores por el “encargo” que Dios le ha hecho, sino que se sabe pequeña y sencilla y lo continuará siendo hasta el final. La respuesta de María al proyecto de Dios para ella es la disponibilidad. Aquí estoy, para lo que haga falta, para lo que Dios necesite de mi, “que se haga en mí según su Palabra”. Una disponibilidad que va más allá de lo que ella es incapaz de entender, pero que nace de saber que para ella todo lo que venga de Dios es, con mucho, lo mejor.

2.- María dice SÍ a Dios porque tiene una gran confianza en Él y se abandona en sus manos. Confía en que ese proyecto que Dios tiene para ella la va a hacer más dichosa, más feliz, va a realizar su vida por completo. Ella va a tener que poner mucho de su parte, no es un “camino de rosas”, pero María confía en Dios como en su Padre del Cielo, y esa confianza le hace ser valiente y aceptar todo lo que venga de Él.

El SÍ de María se va a prolongar en su día a día. María va a vivir ese SI desde el cuidado de los suyos con dulzura y ternura, desde la tarea cotidiana de ser ese rostro amable y acogedor de Dios entre los que la rodean, entre los que conviven con ella en su día a día. María lleva dentro al Hijo de Dios y eso se ve reflejado en su actuar. María refleja a Dios en todo lo que hace.

3.- María es la Madre de Dios. Es una buena noticia que hay que pregonar a los cuatro vientos, pero María la vive con discreción, sin buscar protagonismos. No renuncia a nada de lo que ella es, ni a su vida pobre y sencilla, no quiere ser el centro de atención de nada, sabe que Dios le dará las fuerzas necesarias para sacar adelante su proyecto en ella. María está en un segundo plano, pero pendiente de las necesidades de los que están a su alrededor.

María vive su respuesta a Dios desde el servicio a los más necesitados. Y la primera con la que lo demuestra es con su prima Isabel, a la que se va a servir y ayudar hasta que nazca su hijo. María vive la pobreza y la necesidad al tener a su hijo en un pesebre, a la intemperie, teniendo que huir a Egipto a los pocos días.

María es capaz de empatizar con los más necesitados porque lo ha experimentado. María nos enseña también la aceptación del dolor, ya que ella experimentó el paso redentor por el dolor del corazón de un madre rota al ver asesinar a su hijo. María es Madre de los Dolores, Madre al pié de la Cruz, y Madre de la alegría en la mañana de la Pascua.

Finalmente, la virtud que puede resumir todas las anteriores es la fe. La fe de María hace posible su humildad, su disponibilidad, su confianza, su cariño, su cercanía a los pobres, su discreción, su actitud de servicio, su aceptación del sufrimiento y del dolor, su alegría.

4.- María es Inmaculada porque vive con un corazón limpio y puro, sin una sola mancha, impecable, purísima, santa, desde el principio hasta el final de su vida. Nosotros hoy la ponemos como ejemplo a seguir y le pedimos que interceda por nosotros ante Dios y que nos ayude a vivir en nuestra vida esas virtudes que la convierten en nuestra Madre del Cielo, en ejemplo de mujer de fe y colaboradora en el proyecto de Dios hasta el final.