Homilías Tiempo de Navidad

 

Homilías

Tiempo de Navidad

Ciclo C

¡DESCIENDE EL AMOR!

Misa del Gallo

 

¡Alegrémonos, hermanos y amigos! ¡Celebremos el amor de Dios! ¡En la profundidad de esta oscura y esperada noche, Dios ha nacido! ¡Dios se ha hecho Niño! ¿Puede hacer algo más Dios por nosotros?

 

A este momento, culminante y final del adviento, nos estábamos preparando desde la contemplación, la conversión, el asombro, la oración y con la compañía de María.

¡Ha nacido el Salvador! ¡Aleluya, aleluya!

 

         1. En estas horas de la noche, no nace un gran filósofo, historiador, líder o científico; en estos instantes de gran emoción para los creyentes, no se acerca al mundo un poderoso hidalgo ni rey de tierras y feudos.

 

-Quien nace y se revela es el AMOR DIVINO que se hace hombre

-El amor con el pasaporte de la humildad

-La ternura con el reflejo y la impronta magnífica de Dios.

 

¿Qué tenemos de bueno para que, el Señor, se aproxime de estas maneras hasta nosotros? ¿Qué pretende Dios con este descenso tan vertiginoso, humano y divino a la vez?

 

El Nacimiento de Cristo nos trae en esta noche muchas vivencias y otras tantas sensaciones personales y comunitarias: si Dios se hace hombre, es porque el día a día del ser humano, está abocado y llamado a Dios.

 

Si Dios, viene hasta nosotros (Niño, pequeño, infante, débil) es para que comprendamos que, en la pequeñez, está la autopista y la puerta para llegar y encontrarse con El.

 

¡Que gran regalo y qué gran sacramento! ¡Dios en un pesebre! Y, en ese pesebre, en esta noche santa, se iluminan las cavernas más oscuras de la humanidad. En ese establo, el hombre aprende la lección más magistral bajada desde el cielo: el AMOR de un Dios.

 

Hoy, con el Nacimiento del Señor, Dios no nos da ninguna fórmula mágica para ser felices.

 

En cada uno de nosotros, en los que estamos aquí y ahora, esta la decisión de aceptarle o rechazarle; de adorarle o de buscarnos a nosotros mismos; de llevarle la ofrenda de nuestra existencia o de negarle hasta el más insignificante detalle.

 

Si; amigos. La Navidad es el gran descenso de Dios a la humanidad. Una humanidad, que en números, acontecimientos,  y en formas, está condicionada por la violencia, el desasosiego, la crisis, la desconfianza,  la intranquilidad, la pobreza, la injusticia…(pongamos todo lo que queramos). ¡Cómo no agradecer a Dios que, a través de Jesús, contemple en primera línea nuestros sufrimientos y éxitos, nuestras fatigas y nuestras penas, nuestras caídas o nuestras alzadas!

 

         2. Hoy, damos gracias a Dios. Los ojos de Jesús, serán los ojos de Dios en la tierra. Los brazos de un Niño, serán los brazos del amor de Dios en el mundo. Los pies de un Infante, serán pies de Dios que nos acompañen en nuestro caminar. El corazón de Cristo, será el latir del mismo Dios en medio de un mundo, que en cuestiones de fe y de amor a Dios, se encuentra con un constipado demasiado severo y prolongado.

 

¡Bendita sea esta noche! ¡Noche santa y dichosa!

 

Que Jesús, en estas primeras horas de su presencia en medio de nosotros, nos lleve al descubrimiento de la belleza de Dios.

 

Que Jesús, en los brazos de María y bajo la mirada serena de José, nos haga renacer en nuestra fe. ¡Cómo no conmovernos ante este Misterio! ¿Cómo no intentar de nuevo ser portadores de verdad, de bondad, de solidaridad y de perdón, cuando vemos todo ello desbordado y desbordando sobre cuatro tablas cruzadas en un pesebre?

 

¡Feliz noche, Señor! ¡Bienvenido a esta tierra! Te adoramos y te bendecimos.

 

Te amamos y creemos profundamente en Ti. Tú eres el Hijo de Dios.

 

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¡DIOS SE DEJA ACARICIAR!

Misa de Navidad

 

¡ALELUYA! ¡DIOS HA NACIDO!

 

         Esta exclamación, nada ni nadie la puede acallar. Lo esperado desde siglos, se hace realidad en Jesús. Y, este gran acontecimiento,  nos ha puesto en pie. ¡Esto si qué es la Navidad!

 

         También nosotros, como los pastores, hemos escuchado y sentido el anuncio del Ángel. “Hoy en Belén os ha nacido el Salvador”. Y ¿Cuál ha sido nuestra reacción? ¡La que tenía que ser! ¡Nos hemos puesto en camino! Hemos dejado los valles de nuestras distracciones porque, el REY DE REYES, merece nuestra cercanía, nuestra oración y nuestra acogida. La estrella luce; los pastores ofrecen; los reyes adoran; Herodes se incomoda…y nosotros, para no ser menos, brillamos con la luz de la fe, ofrecemos lo que somos y adoramos a Jesús conscientes de que, Rey, ¡sólo El!

 

Llegar aquí, en esta mañana santa de la Navidad, es prolongar en el tiempo y en el espacio, lo que ayer noche en Belén se hizo prodigio, milagro, humildad y salvación: DIOS EN MEDIO DE NOSOTROS. Frente al pesebre, con el corazón en la mano y la emoción en los labios le decimos a Dios: creemos en Ti, creemos en tu presencia humana y divina, creemos en la fuerza del Espíritu Santo. ¡Que no nos falte el milagro de este día, Señor! ¡La fe!

 

         1. Asomarnos aquí, a la sombra del portal, es agradecer a Dios el hecho de que sigue apostando por el hombre; de que sigue confiando en nosotros. ¡Tanto confía que del hombre se fía y se hace hombre como nosotros! ¡Gracias, amigo y Señor!

 

Contemplar aquí, delante de la Sagrada Familia el Misterio, es dejarse impresionar por el amor gigantesco de Dios. Belén, en este día de Navidad, tiene sabor a fraternidad. En Belén, los seres humanos, se dan la paz. Y, en Belén, al abrazarnos con Dios no hacemos otra cosa que, en su pobreza, enriquecernos con todo lo bueno que Dios tiene, con todo lo bueno que El nos da.

 

  • Nos fundamos a su pobreza, purificaremos nuestra altanera riqueza
  • Nos afiancemos a su humildad, ablandará nuestro altivo orgullo
  • Nos envolvamos en su amor, hará más  auténticas y radicales nuestras entregas
  • Nos perdamos en su alegría, y nuestra felicidad dejará de ser una máscara

 

         2. Si Dios siendo rico, se hace indigente por nosotros, algo debe existir en nuestra vida ordinaria que no gusta a Dios. Algo que necesita ser recuperado, elevado y dignificado. La Navidad, es la gran riqueza que Dios pone en medio de un mundo que, en el fondo, es pobre y mendigo de un amor auténtico.

Como los pastores hemos creído las palabras del Ángel. Y, estas palabras, nos han producido una inmensa alegría, una profunda emoción: todos nos sentimos un poco niños en el día de Navidad.

 

         En el día de Navidad, Dios, nos deja sin argumentos. Queríamos pruebas de su amor, y se hace como uno de nosotros. Nos quejábamos de su lejanía, y se deja besar y contemplar en un Niño. ¿Puede hacer más Aquel que no tenía necesidad de tanto?

 

         Aún así, a algunos, les parecerá poco o nada. Seguirán embelesados y perdidos con sus dioses. Mirando a la luna o extasiándose con el sol. Aquello de “vino a los suyos y los suyos no le recibieron” vuelve a repetirse en los corazones obstinados. En las personas que se dejan seducir por lo inmediato y son incapaces de abrirse al Misterio.

 

         Dios, en Belén, sabe que se la juega y con mucho riesgo. Se encarna en todo con el hombre: sufrirá, gozará, llorará, dudará pero al final, por Jesús, salvará. Hoy, en la cuna de Belén, el amor calla. Mañana, en Viernes Santo, el amor que fue pequeño y grande en Belén, será también igual de humilde, gigantesco, igual de solitario…pero más sangriento.

 

Entre maderas apareció el amor de Dios en el mundo, y entre maderas marchará el amor de Jesús de este mundo.

 

Eso sí, a los pies de esas cuatro tablas –tanto en el pesebre como en la cruz- estuvo y está quien sabe siempre estar y esperar: MARIA.

 

Que Ella, la que ha hecho posible esta Navidad, nos ayude acercarnos al pesebre para ver al recién nacido. Que nos ayude a reflexionar sobre el sentido de estos días. Que nos empuje para beber en la fuente del amor que es Belén. Que, como Madre, nos siente en su regazo y nos rescate de la indiferencia, del egoísmo y tantos obstáculos que nos impiden abrirnos a Dios y a los demás.

 

¡Bendita sea la Navidad! ¿Por qué Dios pudiendo haber venido en séquito real, lo hizo en humilde pesebre?

 

¡Bendita sea la Navidad! ¿Por qué Dios, que lo tenía todo, se aventuró a perderlo todo?

¡Bendita sea la Navidad¡ ¿Por qué Dios, teniéndolo todo, prefirió presentarse sin nada?

¡Bendita sea la Navidad! Ya que el hombre olvida y no mira a Dios, Dios –que mira mucho por el hombre- sale a nuestro encuentro para que no olvidemos que camina y vive junto a nosotros.

 

¡Bendita sea la Navidad! Porque nos invita a reavivar el fuego de Belén, a hacer más cálidos los pañales de nuestra generosidad, a alentar –allá donde fuera necesario- la presencia de un Dios que vive mucho más cerca de lo que algunos creen, piensan o intentar solapar.

 

¡FELIZ NAVIDAD! ¡DIOS ESTÁ CON NOSOTROS!

 

 

SAGRADA FAMILIA

GERMEN DE FE

 

Decía el Papa Benedicto XVI que para dar a conocer a Cristo, primero, hay que conocerlo, sentirlo, amarlo y…pregonarlo.  ¡Qué mejor areópago y balcón que la familia para gritar a los cuatro vientos que, Dios, vive en medio de nosotros!

 

         1. Poco se nos refiere en las páginas evangélicas sobre las vicisitudes y características de la Sagrada Familia. A grandes rasgos nos ha llegado lo elemental: era un comunidad de amor, de fe y de vida. Y eso, en definitiva, es lo importante.

 

Lo que, esta fiesta, intenta trasladar a nuestras respectivas familias sometidas a tantos avatares, presiones o confusiones.

 

Si Jesús necesitó de la familia para seguir adelante, para madurar, crecer y enfrentarse a su propia vida, no menos lo precisamos nosotros para saber enfocar el futuro de los hijos y, por supuesto, el horizonte que aguarda a la fe. Pretender sustituir el papel de la familia (especialmente de los padres) en planos tan importantes e irrenunciables como la educación moral, el aborto,  la sexualidad  o la ética, es  interferir en algo sagrado y propio de los principales educadores: la familia, los padres.

 

Qué bueno sería  pensar que, si Dios se sirvió de una familia para llevar a cabo su Encarnación, también se vale de nuestras familias para llevar a cabo su reino de santidad, de justicia, de amor y de verdad.

 

La familia, es un trampolín en el que podemos coger el impulso y la altura idónea para lanzarnos luego a la conquista del mundo profesional, afectivo, cultural o social. La familia, como aquella primera Sagrada Familia, contribuye precisamente a eso: al crecimiento íntegro de todos sus miembros.

 

No mira el interés de unos pocos, de unos particulares, del padre o de la madre, del hijo primero o segundo, va mucho más allá: la familia está llamada a desarrollar la personalidad de todos y cada uno de sus componentes y que se sientan útiles en el servicio a la sociedad.

 

         2. Al contrario de lo que aconteció en la Sagrada Familia, tenemos bastante que mejorar en las nuestras. ¿Cómo está nuestra oración? ¿Y nuestro conocimiento sobre Dios? ¿Y el seguimiento en la educación humana y religiosa de los hijos? ¿Cómo vivimos nuestra fe en familia? ¿Le damos la cobertura que se merece? ¿Es Dios artífice, protagonista, centro de nuestras conversaciones, decoraciones, lecturas….o por el contrario un gran desconocido?

 

         El gran reto de la Iglesia, de Occidente y del futuro de nuestra vida cristiana estriba precisamente ahí: en familias que saben dar un pesebre en sus casas para que Dios pueda seguir encarnándose en Cristo.

 

O dicho de otra manera, la familia, será –sin ninguna duda- el germen de la irrupción del cristianismo con nuevo vigor, con más fortaleza y con más convencimiento.

 

         Al contemplar los tres personajes de estas navidades, Jesús, José y María, podemos sacar algunas conclusiones muy prácticas para reavivar nuestras raíces cristianas:

 

         -En familia tenemos que aprender a vivir los misterios de Dios

         -En familia, con sencillez pero con grandeza de alma, hemos de enseñar a adorar a Dios a cuántos nos rodean o están a nuestro cargo

 

         -En familia, con oración y confianza, hemos de procurar fortalecer nuestra fe con la escucha de la Palabra, su meditación y la puesta en práctica en las cosas de cada día.

 

         Que la Sagrada Familia sea una llamada a valorar y recuperar esta célula que ha sido tan esencial en el progreso de nuestra tierra, de nuestros continentes, de nuestra Iglesia y de nuestra fe: la familia.

 

 

UN AÑO DE LA MISERICORDIA…

CON LA MADRE

María Madre de Dios (Año Nuevo)

 

1. No hay mejor forma de adentrarse en un nuevo año, y además en el Año de la Misericordia, que caminando de la mano de María y al compás del latido del corazón de la Virgen. ¡Cuántos aspectos y motivos recordamos en este día! ¡La paz; Año Nuevo; Santa María, Madre de Dios!

 

¡Feliz Año Nuevo! Será feliz si, en los 365 días, sabemos dar con  aquellas razones que hicieron saltar de gozo y de felicidad a María: ¡Dios! ¡Sólo Dios! ¡Desde ahora me llamarán bienaventurada!

 

¡Feliz Año Nuevo! Será feliz si, en estos doce meses que ahora iniciamos con esperanza y con tan buenos deseos, no dejamos que se duerma en nosotros la gran noticia que estamos celebrando en estos días: Dios ha bajado..y comparte nuestra suerte.

 

¿Seremos capaces de hacer frente a “los nuevos Herodes” que intentan asediarle y disuadirle de estar presente en nuestras conciencias, en nuestra sociedad o en nuestras familias?

 

Santa María, Madre de Dios, es un pórtico que se antepone a los doce meses. Es como si, la Madre de Dios, nos estuviera diciendo: “no tengáis miedo; yo voy por delante” “iniciad este nuevo año con la cabeza bien alta; dejad atrás vuestras penas, defectos, inquietudes..yo os acompaño”

 

Comenzamos este nuevo período del 2016.

 

¿Qué nos depararán estas próximas semanas? ¡Sólo Dios lo sabe! Pongamos nuestro futuro en las manos de María. Contemplemos a Jesús como lo que es: un hermano mayor que nos ayudará cuando tropecemos; nos levantará cuando caigamos y nos sonreirá cuando el éxito nos acompañe. ¿Acaso no ha venido para compartir suerte?

 

Esta fiesta, Santa María Madre de Dios, sigue estando presente en el corazón de muchos creyentes.

 

Resulta, cuando menos chocante, paradójico y hasta sorprendente, cómo se acepta con cierta facilidad el culto, las procesiones, fiestas o romerías a la Virgen y, por el contrario, se vive de espaldas a lo que en Ella fue grande: Jesús y su Reino. María, en el Año de la Fe, puede ser una gran Maestra que nos indique cómo, dónde y de qué manera conocer a Cristo.

 

         2. La Fiesta de Santa María Madre de Dios nos urge a estar en paz con María pero, sobre todo, la paz con María nos empeña a estarlo también con Dios. La voluntad de María no es quedarnos extasiados con y en  Ella, sino preocupados y entusiasmados a la vez por dar gusto a Dios y  llevar  a la práctica lo que Ella meditaba tantas veces en su corazón: el plan de Dios.

 

¿Por qué no colocar, con seriedad, a María como antecámara de este nuevo año? ¿Nos proponemos el consagrarnos a Ella desde un acuerdo implícito, ante nosotros, ante el ambiente que nos rodea y ante los demás, de crecer –cristianamente hablando- para no perder peso espiritual?

 

 ¡Nuevo Año con la mano y de la mano de María! Nos acosarán los problemas de siempre; desaparecerán amigos nuestros; nos iremos lejos o cerca de Dios; nos traicionaremos a nosotros mismos….pero Santa María, por ser Madre de Dios y Madre Nuestra, nos aportará luz para encontrar el camino perdido; seguridad para avanzar en el camino de la fe y esperanza para no echarnos atrás en nuestra vivencia cristiana.

 

         Que Ella, Reina de la Paz, nos ayude no tanto a pedirla por los pueblos que quedan lejos (aunque también) sino por la paz con nosotros mismos; por la paz de los hijos de la Iglesia; por la paz de las conciencias que andan revueltas y revuelven a los demás; por la paz de las familias que viven en contienda por el “cuánto”; por los jóvenes que encuentran en la violencia una diversión y no un peligro; por la paz de los políticos, para que se serenen en sus decisiones y sientan que no son  padres de la patria y sí servidores.

 

¡Santa María, Madre de Dios! ¡Cuánto juego y contenido da y tiene esta fiesta!

 

Con Ella merece la pena adentrarnos sin temor ni temblor en este nuevo año en el que, además, nos hemos comprometido a reavivar, estudiar, conocer, vivir, celebrar y testimoniar mucho más nuestra fe cristiana.

 

 

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LA FE LES PUSO EN CAMINO

Epifanía del Señor

 

1. Que el Nacimiento de Cristo fue dócil y silencioso, todos lo sabemos. Dios así lo quiso y en propias carnes lo vivieron como nadie Jesús, José y María.

         

¿Os habéis fijado que –los preferidos de Dios o los privilegiados por la Buena Noticia- se pusieron inmediatamente en marcha y en imparable movimiento? ¡Nada ni nadie les detuvo!

 

         La estrella, inquieta, aguda, inteligente y protectora, no dejó de destellar radiante y divina luz para señalar la Gloria de Dios que emergía en  una pobre gruta

 

         Los pastores, aun en su pobreza, se convirtieron en millonarios acaudalados por un amor de Dios que recompensaba con creces fríos, soledades e indigencias.

 

         Y para que no faltara nada, para enriquecer y engrandecer el Misterio, en el silencio y en medio de dunas y de desiertos, tres coronas sobre tres sienes destellaban y avanzaban en el horizonte. ¡Tres reyes en movimiento! ¡Tres reyes que, atesorándolo todo, intuían que carecían de lo más importante!

 

         Hoy, en esta fiesta de Epifanía, los Magos se convierten en antenas por las que Dios, pasa a ser conocido y recibido, revelado y manifestado a todos los pueblos.

 

         Me gusta expresar, y lo digo una vez más, que los Reyes Magos el gigantesco pergamino real con el que Dios se hizo  anunciar, a pesar de su humildad, a todo hombre.

Conducidos por la estrella, tentados por Herodes y mil circunstancias, sus reinos, tronos y riquezas no fueron obstáculo alguno para alcanzar la meta deseada: ¿Dónde está el Rey de los Judíos? ¡Hemos visto su estrella y venimos adorarle!

 

         2. En esta noche, los sueños y las aspiraciones de miles de niños habrán sido cumplidos por la presencia de unos Magos que, dejando año tras año palacios y comodidades, se cuelan por balcones y ventanas para traer sus presentes.

 

Pero ¿qué obsequio es el más caro, el más codiciado y guardado por los Reyes Magos? ¿Qué regalo, con disgusto de estos regios personajes, queda con frecuencia y en abundancia en los almacenes de sus reinos?

 

¿Queréis saberlo? ¡El regalo de la fe! ¡El regalo de la esperanza! ¡El regalo del amor a Dios! ¡Cuántos regalos que nadie y muy pocos piden o pedimos!

 

         El resplandor de los Magos fue la estrella; el premio fue contemplar cara a cara al Señor; el detalle, ofrecerle sus sagrados dones en incienso, oro y mirra…y el compromiso como heraldos de lo que vieron y oyeron, fue –una vez en sus respectivos reinos- dirigir el afecto y el vasallaje de sus paisanos al REY DE REYES.

 

         Que nosotros, como los Reyes, nos movamos por aquello que merezca la pena. Que solicitemos de su magnanimidad obsequios que nos hagan ricos por dentro y no juguetees en manos de muchos por fuera. Uno de ellos, y permitidme que os lo diga con total franqueza, es el de manifestar públicamente, sin miedo ni vergüenza lo que sentimos por Cristo. Lo que apreciamos a Jesús. Lo que queremos a nuestra Iglesia.

 

Ellos ofrecieron sus cofres a rebosar de oro, incienso y mirra. Todos tenemos un gran cofre en el interior de cada uno. ¡Volquémoslo sobre Belén! Un corazón que se ha dado de frente con la Navidad, como ocurrió con los Reyes, se da, se ofrece, se entrega, se vacía, se postra.

Hermanos; niños, jóvenes, padres y mayores…¡me gustan estos Reyes en movimiento!

 

Fueron soñadores, idealistas, aventureros, emprendedores. No repararon en lo que dejaban atrás. Ante Herodes se mostraron valientes y decididos y…cuando se percataron de la estrella…no dudaron en creer que era cosa de Dios y, como niños, corrieron –no sé si en camello o dromedario- al encuentro del que era un Niño-Dios.

 

Bienvenidos sean estos regios personajes que, después de emprender su aventura y de regresar a sus respectivos dominios, nos hacen caer en la cuenta que, después de las navidades, hemos de retornar a nuestras vidas por caminos opuestos a la apatía, la vergüenza, la falta de fe, el pesimismo, el poderío, el orgullo o el cansancio.

 

Organicemos entre todos, Iglesia, Papa, Obispos, sacerdotes, laicos, religiosos, niños y mayores, colegios y cristianos de todo el mundo una gran manifestación. ¡Dios ha hablado por Jesús! ¡Que nadie apague su voz! ¡Seamos, también nosotros, pancarta de lo que en estos días ha ocurrido en Belén! ¡Ha bajado el amor de Dios y…ha de marchar y multiplicarse con nosotros en nuestros pequeños o grandes reinos!

 

Que en este año, como los Magos, nos pongamos en camino, sigamos la estrella, descubramos lo que se encuentra debajo del pesebre y demos testimonio del Verbo Encarnado. ¿Os parece ese un buen regalo? 

 

Comencemos a desenvolverlo.

 

CARTA ESPECIAL A LOS REYES MAGOS

Queridos Reyes Magos:

         Todos los años, cuando llegan estas fechas, mi pensamiento se vuelve hacia vosotros. Y, junto con él, mi corazón me va dictando una serie de deseos que, con vuestra ayuda, quisiera los llevaseis a feliz realidad.

-Dejad en el mundo UNA ESCOBA. Para barrer todo lo que suene a violencia y terrorismo. Que no quede ni un solo rincón en las personas con resquicio de rencor o de odio.

-Traed multitud de bolsas de  JABÓN. Para limpiar nuestras personas de aquello que, la sociedad, va imponiendo como normal y lógico.

-Echad, en los ojos de todos los hombres y mujeres, COLIRIUM. Para que los unos a los otros, lejos de vernos como adversarios, sepamos contemplarnos y respetarnos como hermanos.

-Esconded, debajo de las almohadas de los que os esperan, SUEÑOS. Nunca, como hoy, tenemos abundancia de bienes para vivir y, nunca como hoy, hemos perdido los ideales por los que luchar.

-En un rincón del corazón de las personas, derramad toneladas de AZÚCAR. Las prisas, los agobios, los trabajos, el afán de superación, nos está convirtiendo en autómatas. Escasamente nos miramos a los ojos. ¡Necesitamos un poco de dulzura!

-Si en vuestros almacenes existen, solicitamos que nos proporcionéis unas LIMAS. Cada día que pasa, y por diversas circunstancias, los tropiezos, las dificultades, los roces, hacen que nos distanciemos y que se acrecienten las diferencias. ¡Necesitamos suavizar las discrepancias!

-Traednos unas grandes TIJERAS. Para cortar todo aquello que no es positivo en nosotros. Para confeccionar un traje con la etiqueta del amor, con los botones de la esperanza y de la caridad. ¡Ayudadnos, en este Año de la Fe, a saber qué es y qué conlleva el vestir el traje cristiano!

-Que vuestros pajes, aunque piensen que no ocupa nada, que nos transporten un poco de ALEGRÍA. Es un bien muy escaso. Es tan invisible que, en el mundo donde vivimos, no lo percibimos. ¡La necesitamos para volver a sonreir!

-Todos los años, os dejamos en el balcón o en la ventana, nuestro calzado. En el presente año dejadnos unos ZAPATOS CELESTIALES. De tal manera que, al colocarlos en este Año de la Fe, debajo de nuestros pies, caminemos por las sendas de la verdad, de la justicia y del perdón. ¿Tendréis mi número?

-Si además añaden un ABRELATAS para abrir nuestro corazón a Dios y un IMPERMEABLE para protegernos de las tormentas que descargan contra nuestras convicciones religiosas, os quedaré –como si fuera un niño- altamente agradecido.