El mejor regalo

Navidad 2015

           

Cuando era niño me llamaba la atención escuchar a los mayores decir "¡cómo pasa el tiempo!", y ahora, cuando los años van pasando, voy descubriendo la verdad y misterio de esa frase que tantas veces oía. De niño los años parecían eternos, los meses interminables y las semanas trascurrían al ritmo que yo les marcaba, ahora todo pasa demasiado rápido, tan rápido que ya está aquí la Navidad y por tanto estamos a las puertas de estrenar un nuevo año.

            De niño jugábamos a calcular cuantos años tendríamos  en el año dos mil  y a imaginar cuál sería nuestra profesión , ahora el año dos mil va camino de superar la infancia, y me atrevería a decir que casi todos podemos constatar el verdadero sentido de la frase que siempre hemos escuchado: ¡ todo pasa demasiado deprisa!

            Además se vive tan apresuradamente, tenemos tantas cosas que hacer y surgen tantos acontecimientos que parece que, más que pasar y dominar nosotros los acontecimientos, los acontecimientos nos dominan a nosotros. Que gran verdad tenía  el profesor Laín Entralgo al decir que  “el peor enemigo del hombre es el tiempo”.

            Por otra parte parece que en nuestro mundo todo se compra, todo se valora por su productividad, todo se mide, se examina, se busca la rentabilidad que tendrá, se coteja, se….  …Y por desgracia parece que con la Navidad está pasando lo mismo.

            Aún me estremezco cuando recuerdo las palabras de aquel niño, de apenas diez años, que con serenidad y seguridad me decía: "La Navidad es un negocio y una falsedad". ¿Negocio?¿Falsedad? pregunte; y él con palabras rebosantes de  frialdad  e impropias de un niño de esa edad comentaba:" La gente corre y corre para tener y comprar, se mandan tarjetas preciosas deseando paz y amor aún sabiendo que después seguiremos criticándonos y echándonos cosas en cara, los teléfonos móviles no paran de recibir mensajes, pero hay gente que verdaderamente se encuentra sola y triste,..." He de confesaros que no tuve más remedio que callar y caer en la cuenta de que tal vez esa es la imagen que le estamos dando a nuestros pequeños.

            No pretendo aprovechar este espacio para  sermonearos y hacer un discurso de moral, tampoco pretendo convertirme en escrutador de conciencias o haceros ver que hacemos las cosas mal; simplemente me gustaría compartir con vosotros una reflexión en voz alta : ¿Qué le estamos enseñando a nuestros pequeños? ,

¿Qué mundo estamos preparando para nuestra próxima generación?, ¿En qué estamos convirtiendo nuestra sociedad?

¿Qué Navidad queremos que vivan nuestros hijos, la de las prisas, la de las colas interminables en los grandes almacenes comprando y comprando porque hay que comprar, la del no tengo tiempo para nada, la de  cientos de juguetes para satisfacer el deseo de los niños que después quedan apilados en los trasteros porque se cansan de ellos, la de recibir y ofrecer regalos porque así parece que nos queremos más, la de las calles alfombradas de caramelos en el día de Reyes sin ser capaces de agachamos a cogerlos porque nos sobra de todo, la de….?

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo vivir la Navidad? Lo primero que  tenemos que borrar de nuestras mentes es que la Navidad  es tiempo de compras (evidentemente son necesarias) , regalos y prisas. La Navidad es la conmemoración del Nacimiento de Jesucristo que nació en Belén pobre y sencillo. ¿Y cómo vivirla? Evidentemente yo no soy quién para dar ningún consejo, pero valgan algunas sugerencias. La mejor forma de vivir estas fiestas es redescubrir el valor de la familia, de los amigos, de lo cotidiano, de lo sencillo y   fraterno.

Es decir, la Navidad es el tiempo para combinar en la coctelera del alma dichos valores y saborear llanamente la grandeza del vivir.

La Navidad ,decía Martín Descalzo, “es el tiempo idóneo para perder el tiempo con los nuestros”. Y, precisamente, eso es lo que tendríamos que hacer en estos días: perder ( que es ganar) el tiempo con los nuestros. Ese sería el sentido más profundo de estas fechas, fomentar el encuentro con los demás y sobre todo con los pequeños que, más que regalos, precisan atención y diálogo.

Aunque parezca extraño el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestros pequeños es dedicarle nuestro preciado y escaso tiempo. La Navidad es el tiempo idóneo para coger nuestras agendas y poner en mayúsculas: HOY PASO EL DÍA CON MI FAMILIA y pasear, jugar, reír, recordar, soñar, callar e incluso llorar con ellos. Y puesto que Jesús es de los nuestros, ¿no os parece que sería buena idea buscar tiempo para estar un buen rato en el Sagrario, o leer y meditar su Palabra, o…?

Hay un viejo refrán indio que dice : “al final de nuestros días lo único importante será lo pequeño que hayamos hecho

Intentemos en estas fiestas descubrir que lo más importante es hacer de lo cotidiano y ordinario de la vida algo sencillamente extraordinario  y todo eso porque ... EL MEJOR REGALO ERES TÚ.

 

 

Que Dios bendiga vuestras vidas ahora, en este año que empezamos y siempre…

 

Damián

 

(vuestro párroco y amigo)