Meditaciones Epifanía del Señor

LA FE LES PUSO EN CAMINO

Epifanía del Señor 1. Que el Nacimiento de Cristo fue dócil y silencioso, todos lo sabemos. Dios así lo quiso y en propias carnes lo vivieron como nadie Jesús, José y María. Hace unos años el Papa Benedicto XVI nos instaba a retomar con más impulso nuestro afán evangelizador. ¿Pero cómo hacerlo si, tal vez, en algunos momentos hemos visto al Señor tan sólo desde lejos? ¿Os habéis fijado que –los preferidos de Dios o los privilegiados por la Buena Noticia- se pusieron inmediatamente en marcha y en imparable movimiento? ¡Nada ni nadie les detuvo! La estrella, inquieta, aguda, inteligente y protectora, no dejó de destellar radiante y divina luz para señalar la Gloria de Dios que emergía en una pobre gruta Los pastores, aun en su pobreza, se convirtieron en millonarios acaudalados por un amor de Dios que recompensaba con creces fríos, soledades e indigencias. Y para que no faltara nada, para enriquecer y engrandecer el Misterio, en el silencio y en medio de dunas y de desiertos, tres coronas sobre tres sienes destellaban y avanzaban en el horizonte. ¡Tres reyes en movimiento! ¡Tres reyes que, atesorándolo todo, intuían que carecían de lo más importante! Hoy, en esta fiesta de Epifanía, los Magos se convierten en antenas por las que Dios, pasa a ser conocido y recibido, revelado y manifestado a todos los pueblos. Me gusta expresar, y lo digo una vez más, que los Reyes Magos el gigantesco pergamino real con el que Dios se hizo anunciar, a pesar de su humildad, a todo hombre. Conducidos por la estrella, tentados por Herodes y mil circunstancias, sus reinos, tronos y riquezas no fueron obstáculo alguno para alcanzar la meta deseada: ¿Dónde está el Rey de los Judíos? ¡Hemos visto su estrella y venimos adorarle! 2. En esta noche, los sueños y las aspiraciones de miles de niños habrán sido cumplidos por la presencia de unos Magos que, dejando año tras año palacios y comodidades, se cuelan por balcones y ventanas para traer sus presentes. Pero ¿qué obsequio es el más caro, el más codiciado y guardado por los Reyes Magos? ¿Qué regalo, con disgusto de estos regios personajes, queda con frecuencia y en abundancia en los almacenes de sus reinos? ¿Queréis saberlo? ¡El regalo de la fe! ¡El regalo de la esperanza! ¡El regalo del amor a Dios! ¡Cuántos regalos que nadie y muy pocos piden o pedimos! El resplandor de los Magos fue la estrella; el premio fue contemplar cara a cara al Señor; el detalle, ofrecerle sus sagrados dones en incienso, oro y mirra…y el compromiso como heraldos de lo que vieron y oyeron, fue –una vez en sus respectivos reinos- dirigir el afecto y el vasallaje de sus paisanos al REY DE REYES. Que nosotros, como los Reyes, nos movamos por aquello que merezca la pena. Que solicitemos de su magnanimidad obsequios que nos hagan ricos por dentro y no juguetees en manos de muchos por fuera. Uno de ellos, y permitidme que os lo diga con total franqueza, es el de manifestar públicamente, sin miedo ni vergüenza lo que sentimos por Cristo. Lo que apreciamos a Jesús. Lo que queremos a nuestra Iglesia. Ellos ofrecieron sus cofres a rebosar de oro, incienso y mirra. Todos tenemos un gran cofre en el interior de cada uno. ¡Volquémoslo sobre Belén! Un corazón que se ha dado de frente con la Navidad, como ocurrió con los Reyes, se da, se ofrece, se entrega, se vacía, se postra. Hermanos; niños, jóvenes, padres y mayores…¡me gustan estos Reyes en movimiento! Fueron soñadores, idealistas, aventureros, emprendedores. No repararon en lo que dejaban atrás. Ante Herodes se mostraron valientes y decididos y…cuando se percataron de la estrella…no dudaron en creer que era cosa de Dios y, como niños, corrieron –no sé si en camello o dromedario- al encuentro del que era un Niño-Dios. Bienvenidos sean estos regios personajes que, después de emprender su aventura y de regresar a sus respectivos dominios, nos hacen caer en la cuenta que, después de las navidades, hemos de retornar a nuestras vidas por caminos opuestos a la apatía, la vergüenza, la falta de fe, el pesimismo, el poderío, el orgullo o el cansancio. Organicemos entre todos, Iglesia, Papa, Obispos, sacerdotes, laicos, religiosos, niños y mayores, colegios y cristianos de todo el mundo una gran manifestación. ¡Dios ha hablado por Jesús! ¡Que nadie apague su voz! ¡Seamos, también nosotros, pancarta de lo que en estos días ha ocurrido en Belén! ¡Ha bajado el amor de Dios y…ha de marchar y multiplicarse con nosotros en nuestros pequeños o grandes reinos! Que en este Año Santo de la Fe, como os Magos, nos pongamos en camino, sigamos la estrella, descubramos lo que se encuentra debajo del pesebre y demos testimonio del Verbo Encarnado. ¿Os parece ese un buen regalo? Comencemos a desenvolverlo.

 

EL CUARTO REY MAGO 

Cuenta la leyenda de la imaginación , que hubo un cuarto Rey mago que llegó tarde a la cita con los otros tres por ayudar a un anciano. Se desplazó por sus propios medios a Belén, pero la Sagrada Familia había partido ya hacia Egipto, en donde intentó buscarlos infructuosamente, pues siempre se enredaba ayudando a algún necesitado. Habiendo vuelto de nuevo a su lugar de origen, los tres Reyes Magos le contaron todo sobre el Niño Jesús, y en su corazón se prometió encontrarlo. Cuando después de 30 años oyó lo que se comentaba del profeta de Galilea, quiso verlo. Desafortunadamente, nunca llegaba en el momento oportuno, pues siempre tenía que atender las miserias que iba encontrando en el camino. Por fin, ya anciano, alcanzó a ver a Jesús subiendo al Gólgota, y le dijo: «Toda mi vida te he buscado sin poder encontrarte». Jesús contestó: «No necesitabas buscarme, porque tú siempre has estado a mi lado». Al hilo de esta narración, recordamos una frase de un gran buscador de la verdad que mantuvo una actitud de búsqueda a través de los descubrimientos o señales que iba encontrando en la naturaleza y que durante toda su vida como este cuarto rey, recorrió, caminos entre la razón y la fe y consiguió descifrar en actitudes, su vida:«Una fe que no tenga nada que decir hoy, que no interese a nadie, que no resulte contagiosa, es una fe enferma, o incluso muerta. Jesús es siempre el «eterno descubrimiento» (Teilhard de Chardin). Melchor, Gaspar y Baltasar se lanzaron de lleno a la arriesgada aventura de buscar a Dios. Eran almas en camino, a la espera. Sortearon desiertos, dificultades, obstáculos, emboscadas, pero llegaron. Nosotros hoy, también vamos siguiendo caminos, estrellas para conseguir salir de las dificultades, de la crisis, pero nos cuesta conseguirlo, porque entre otras cosas nos falta decisión, empuje, convencimiento y que son los demás quienes tienen que hacer el camino, pensamos. Los Reyes no saben cuál es la meta final, pero se ponen encamino. Hay una esperanza. «Cuando llegan a su meta: entran y ven, se postran y adoran, abren y ofrecen, acciones nacidas de una inmensa alegría y expresan el dinamismo que emerge en todo búsqueda de Dios en nuestro mundo: salir de nosotros mismos, adentrarnos en el espesor de cada vida, levantar los ojos y mirar, descubrir la belleza y la vida en lo más pequeño y sentir que esa visión provoca la reverencia y la alabanza» Hemos de descubrir dentro de nosotros la estrella de Jesús, que es camino tortuoso; hay subidas, bajadas, repechos, curvas cerradas. A veces se oculta la estrella y viene la atonía, el desencanto. En estos tiempos necesitamos redescubrir la estrella, volviendo a nuestro interior. No la busquemos en el ruido o bullicio exterior En este año sigamos la estrella. Pero no lo olvidemos: la estrella está dentro de nosotros. Y por otra parte ¿nos os parece que tendríamos que ser estrellas para los demás? , ¿acaso en nuestras vidas ciertas personas no han sido estrellas que nos condujeron hacia Jesús?... Permitidme exhortaros a que en el año 2016 seamos continuamente reyes magos que, siguiendo a la estrella de la fe, hagamos de nuestra vida una continua ofrenda a Dios. Que diariamente ofrezcamos al Señor el oro de nuestros dones, la mirra de nuestra esperanza y el incienso de nuestra oración. Y por otra parte os animo a que seamos pequeñas estrellas que, desde nuestra humilde fe, evangelicemos nuestro mundo tan falto de Dios.