Moniciones y homilías

MONICIÓN DE ENTRADA

(Buenas tardes a todos). (Buenos días a todos),…   Después de estos días de Navidad en los que hemos vivido intensamente el Nacimiento de Jesús, vamos a acompañarle y a seguir sus pasos. Sus palabras nos deben de animar; sus obras, además de impresionar, nos han de llevar al encuentro con Dios.

Que el Señor nos ayude a cambiar lo negativo que existe en nosotros y, de esa manera, hagamos de nuestra vida una auténtica fiesta.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas que vamos a escuchar tienen un objetivo: que descubramos el amor tan grande que Dios nos tiene. Nosotros somos su pueblo (su esposa) y Él es nuestro esposo.

 

Además, San Pablo, nos hablará ya de las primeras dificultades y cualidades de los primeros cristianos. Escuchemos con atención.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1) Por la Iglesia. Para que siga insistiendo en la necesidad de cambiar el mundo con la fuerza del amor y de la garantía de que Dios es el motor de la historia. Roguemos al Señor.

2) Por los que se ahogan en las dificultades. Por los que sólo beben el vino amargo del egoísmo, de la envidia o de la ausencia de Dios. Roguemos al Señor.

3) Por la paz en nuestro mundo. Para que cese la violencia. Para que pidamos al Señor que nos ayude a convertir el vinagre de la guerra en el buen vino de la justicia y del respeto a la vida. Roguemos al Señor.

4) Por los que viven en una fiesta mundana pero no divina. Por aquellos que engañan y venden el vino malo como si fuera virtud o algo bueno. Roguemos al Señor.

5) Para que llenemos las tinajas de nuestros corazones de un agua limpia y cristalina. Para que Dios pueda convertirla en algo que merezca la pena. Roguemos al Señor.

 

Homilía  Domingo 2º  T O  /  C

 

Para un judío unas bodas, una novia y un esposo, el correr copioso del buen vino, son todo signos de la llegada del Mesías. Como hemos oído en la primera lectura, y las hay infinitas en el Antiguo Testamento, lo que Dios señala con el dedo es a ese Jesús que ha traído la alegría a una boda con su furgoneta de buen vino. Le señala en el ambiente de boda, de novia, de vino como lo prometido durante siglos. Y con eso mostró Jesús su gloria, o sea su identidad, y los discípulos creyeron, no creyeron por el milagro, sino por el signo.

Pero no en vano quiso Jesús no traer el vino en la furgoneta, sino sacarlo de aquellas tinajas vacías, de donde habían salido 600 litros de agua para las purificaciones rituales.

** Tinajas vacías de ritos y tradiciones humanas vacías del contenido que Dios a su ley.

** Tinajas vacías con un culto y unos preceptos (mas de 700) que no tocan la esencia del amor al prójimo

** Tinajas vacías o una religión empapuzada en agua que olvida la justicia y pone todo en la obediencia jerárquica, olvidando que es un servicio.

** Tinajas vacías era la religión en tiempos de Jesús y lo es en nuestros tiempos, cuando se fundamenta en NOES, en prohibiciones, en castigos temporales o eternos, en temores y se olvida que la ley y los sacramentos son para los hombres, se olvida la alegría del amor, a alegría de pasar por este mundo haciendo el bien, la paz alegre de saber se amado por Dios, aunque necesite uno de los 600 litros de agua para darse un buen baño y quitarse de encima los pecados, una y otra vez.

3.- Les falta el vino, dijo María y lo dirá ahora

--Les falta no la fe sino, sino el vino de la fe, alegría de la fe, la audacia de la fe, la entrega de la fe, la insegura-seguridad de la fe.

--Les falta el buen vino del amor, cuando nuestro amor a los demás no tiene energías, cuando es sidra descorchada hace tiempo y sin burbujas.

--Les falta vino del bueno, del de Jesús, que nos haga olvidar los otros vinos químicos que ofrece el mundo, cicateros, egoístas, contabilizadotes, que dan resaca y son cabezones.

--Les falta el vino de un carisma que se le olvido a San Pablo, el carisma de ser signo para los demás, signos de entrega a los demás, de fe, de alegría, de ilusión, del burbujeo del vino de Caná, el de la furgoneta con sesenta cajas de vino.

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Han quedado atrás las fiestas navideñas y, cuando tantos símbolos desaparecen de las calles o de las iglesias (luces, estrellas, belenes, adornos, etc.) un nuevo signo, por parte del Señor, sale a nuestro encuentro: comienza su misión poniendo buen vino, generoso y abundante, en la mesa de los hombres.

1.- Siempre falta algo en el intento de alcanzar la felicidad por parte del hombre. Y, siempre, mirando a María escuchamos lo que, con insistencia, Ella pide a Jesús: que intervenga en nuestras vidas. Que, el agua por sí misma, no es suficiente para alegrar nuestro vivir.

¿Qué son las bodas de Caná? Muchas interpretaciones se han dado al primer signo que, Jesús, realizó en el comienzo de su misión. Entre todas ellas, me quedo con una que me parece esencial: Jesús viene a establecer una alianza definitiva entre Dios y la humanidad. ¿Seremos capaces de percatarnos de este Misterio más allá de lo extraordinario del agua convertida en vino? María, siempre atenta y solícita a las peticiones de sus hijos, muestra las carencias de aquellos que –buscando al Señor- saben que sin El, la vida, es difícil teñirla con el traje de fiesta.

Y es que, siempre, nos falta un algo y un alguien. Un algo para que la fiesta sea completa y un alguien para que ponga “ese punto” y todo sea un éxito.

2.- Llevemos alegría, como el vino mejor y más selecto, allá donde el otro vino –dulce pero traicionero- es incapaz de llegar: al corazón. Y es que, lo ebrio del mundo, no es lo más aconsejable para alcanzar la dicha o llegar al supremo grado de bienestar. Más bien al contrario. Las Bodas de Caná nos traen una sugerente catequesis: Dios pone todo en su punto. Dios pone ese “algo” y ese “alguien” cuando, la creatividad o las previsiones de las personas se quedan cortas. Faltó el vino en Caná, y María (lista como ella sola y controlando todo lo que acontecía) susurra a Jesús: “les falta el vino”. O lo que es lo mismo: se han quedado cortos para llegar hasta el final en el banquete de la vida.

Hoy, en el Señor, vemos su semblante más festivo. Acostumbrados a escucharle en el templo, a tenerlo rodeado de leyes y de normas, nos asombra su otra dimensión: viene con nosotros y, cuando hace falta, se suma al espíritu festivo de nuestro caminar.

3. - Como María, también nosotros, debiéramos de estar atentos en esas situaciones que necesitan un poco de paz y de sosiego. María, con los ojos bien abiertos, fue consciente de que algo raro y peligroso ocurría en aquel convite. Que, de repente, todo podría irse al traste si el vino, elemento importante en una comida, hubiera faltado.

Esa puede ser también nuestra misión: ser sensibles a las necesidades de las personas o situaciones que nos rodean. Aquello de “ojos que no ven, corazón que no siente” no es una buena filosofía para aquellos que creemos y esperamos en Jesús. Al contrario, abrir los ojos, significa llenar de ilusión, de optimismo, de esperanza y de futuro aquellos espacios que necesitan un poco más de alegría o de fe.

Que el Señor nos haga descubrir y luchar en contra de aquellos dramas que sacuden la vida de tantos hombres y mujeres que viviendo o sin vivir junto a nosotros, necesitan que convirtamos –el vino amargo de su existencia- en un vino dulce y generoso. ¿Seremos capaces?

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María se nos muestra siempre, desde ese instante, como la que señala permanentemente hacia su Hijo instándonos a obedecerle. Nos anima a hacerlo incluso aunque no entendamos, como les debió ocurrir a los criados que llenaron los cántaros de agua sin saber el milagro que se iba a producir.

Nos pide que obedezcamos, que sigamos a Cristo, no sólo para darle una alegría a Él, su Hijo, sino porque eso es lo mejor para nosotros. Cristo te ha dado motivos suficientes para fiarte de Él, de su palabra, de su voluntad. Pero, si por cualquier causa te sientes alejado de Él, fíjate en María: fíate de ella, hazla caso. Ella, que siempre ha estado junto a ti, te señala el camino: Haced lo que él os diga.