Moniciones, oraciones y homilías Domingo 1º Cuaresma

 

Moniciones de entrada

 

(A)

 

Nuestro saludo de hoy, amigos todos, encierra un significado especial: es el apretón de manos de quienes comienzan una etapa común, en nuestro caso la ruta de la cuaresma; y es el apretón de manos de quienes vuelven a un reencuentro de amistad y reconciliación: Dios y nosotros. En verdad es Dios quien da el paso y se acerca; es él quien nos tiende su mano. Nosotros somos privilegiados del amor de Dios que nunca se cansa de buscar y perdonar. Agradeciéndole el detalle, comenzamos sellando en la eucaristía la alianza que nos ofrece en Jesús, y que iremos renovando a lo largo de toda la cuaresma.

 

(B)

 

Así como durante el Adviento nos fuimos preparando para celebrar el Nacimiento de Jesús, durante la Cuaresma que acabamos de comenzar, nos iremos preparando domingo tras domingo, para celebrar la Muerte y Resurrección de Cristo.

Durante todo este tiempo de Cuaresma debemos tener presente lo siguiente:

Que Dios es amigo del hombre

Que Dios nos comprende y disculpa nuestras debilidades

Que Dios no es vengativo, ni justiciero

Que a Dios le agrada nuestro arrepentimiento

Que Dios nos ama y nos perdona.

 

Que la Eucaristía que vamos a celebrar hoy y estos domingos de Cuaresma nos ayuden a confiar más en Dios y ser mejores cristianos.

 

(C)

 

Bienvenidos a la celebración de la Eucaristía, en este primer domingo de cuaresma.

Durante este tiempo de Cuaresma, tiempo de gracia y salvación, la Iglesia pone ante nuestra consideración todo el misterio de la vida humana.

El hombre, a través de la vida, en su caminar hacia la meta, se encuentra con muchos obstáculos y se da cuenta de sus limitaciones y de su fragilidad.

Un hombre como nosotros, llamado Jesús, ya ha recorrido el camino, ha superado los obstáculos y ha llegado a la meta.

Su ejemplo es un motivo de esperanza para nosotros, pues nos enseña que el hombre puede enfrentarse con éxito a las dificultades.

Jesús nos invita a seguir su camino; nos invita a vivir, como él hizo, siendo fieles a la Palabra de Dios.

 

 

Acto penitencial:

 

(A)

         Las tres tentaciones son una señal de alarma en la vida del cristiano para no fabricarse un dios a la medida de sus intereses y caprichos. Por eso reconocemos nuestros pecados ante Dios Padre:

 

-Porque a veces manipulamos a Dios. Señor, ten piedad

-Porque prescindimos de tu palabra. Cristo, ten piedad.

-Porque no elegimos el camino del servicio y la entrega. Señor, ten piedad

 

(B)

Desde la confianza en que Dios no mira los pecados, sino el arrepentimiento, pidamos que nos perdone.

 

-Tú, Señor, que nos regalas la vida, Señor, ten piedad.

-Tú, Señor, que nos entregas la libertad, aunque podamos equivocarnos al usarla, Cristo, ten piedad.

-Tú, Señor, que nunca te cansas de darnos nuevas oportunidades de cambiar, Señor, ten piedad

 

Concédenos, Señor, reconocer tu grandeza y vencer toda tentación de separarnos de Ti y de los hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

(C)

 

Al comenzar la eucaristía de este primer domingo de cuaresma pedimos del Señor la gracia de no caer en la tentación.

Decimos todos: No nos dejes caer.

 

En la tentación del egoísmo y de la autosuficiencia...

En la tentación de no quererte ver donde estás...

En la tentación de olvidarnos de los pobres...

En la tentación de tener y tener todo...

En la tentación de consumir todo lo que nos ofrecen...

En la tentación de creernos lo únicos y los mejores...

En la tentación de alimentarnos sólo de pan material...

En la tentación de confiar sólo en nosotros y no en Ti...

En la tentación de vivir de puro capricho...

En la tentación de hacernos falsas imágenes tuyas...

 

MODERNAS TENTACIONES 

 

Tentación del indiferentismo: Me da lo mismo. Todo vale.

Tentación de la moda: Está de moda. Se lleva. Para ser como todos.

Tentación del conformismo: Nos resignamos. Nos acomodamos. Tiramos.

Tentación del consumismo: Placer de consumir, de tener, de dominar con el dinero. Todo es comprable: cosas y personas.

Usar y tirar. Nada es absoluto y para siempre. Todo es caduco.

Tentación del agnosticismo: ¿Dónde está Dios? ¿Para que sirve Dios?

Tentación del desencanto: ¿Para qué luchar, emprender algo nuevo? Nada merece la pena. No se consigue nada. Vamos a vivir tirando sin más complicaciones... Nos sentamos en la cuneta y vemos pasar la historia.

 

 

Oración

 

Señor: comenzamos un nuevo camino hacia la Pascua.
Tú comenzaste tu camino hacia el anuncio del Reino

empujado al desierto.
A nosotros que el Espíritu nos empuje también

hacia el hermano, el necesitado.
Que nos envíe hacia el que no tiene pan.
Que nos envíe hacia aquel que sufre soledad.
Que nos envíe hacia aquel que las luchas interiores de su espíritu.
Que empuje a peregrinar por las arenas de la vida

hacia el jardín de tu Pascua.

 

(B)

 

Señor: En tu Bautismo quisiste identificarte

con nuestra condición de pecadores.

En tus Tentaciones en el desierto, has querido experimentar

nuestras luchas interiores de cada día.

Luchas de fidelidad o infidelidad a nosotros mismos.

Luchas de fidelidad o infidelidad a nuestra vocación.

Luchas de fidelidad o infidelidad a nuestra misión.

Sabes que necesitamos del pan para llenar nuestra hambre.

Pero también sabes que en nuestros corazones existen muchas hambres.

Al comienzo de esta Cuaresma, llena nuestros corazones de esperanza.

Una esperanza que, al final del camino, amanezca en verdadera Pascua.

 

Escuchamos la Palabra

 

Monición:

 

Junto a la cesta de las primicias, llena de hermosos frutos, el buen israelita, se ofrecía a sí mismo: “Te postrarás en presencia del Señor tu Dios”. El fruto más hermoso de la cesta era su propio corazón.

 

Lectura del libro del Deuteronomio

 

Dijo Moisés al pueblo: -El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios. Entonces tú dirás ante el Señor tu Dios: “Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres; y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia.

El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo, que tú, Señor, me has dado”. Lo pondrás ante el Señor tu Dios y te postrarás en presencia del Señor tu Dios.

 

                                                        Palabra de Dios

 

Salmo 90:

Acompáñame, Señor, en la tribulación

 

Monición al Evangelio

 

El Evangelio relata las tentaciones de Jesús en el desierto. Nada tan humano como la tentación; decimos: somos de carne y hueso. Pero también nada tan deshumanizador como la tentación cuando nos engaña y nos vence.

 

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas

 

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.

Entonces el diablo le dijo: -Si eres Hijo de Dios dile a esta piedra que se convierta en pan.

Jesús le contestó: -Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre”.

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo, y le dijo: -Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.

Jesús le contestó: -Está escrito: “Al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto”.

Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: -Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti”, y también: Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”.

Jesús le contestó: -Está mandado: “No tentarás al Señor tu Dios”.

Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

 

                                                        Palabra del Señor

 

Homilías

 

(A)

 

Luego de un prolongado ayuno de cuarenta días, también Jesús sintió hambre. Llevado por el Espíritu Santo comienza Jesús su vida pública haciendo la experiencia de los más pobres. La experiencia de pasar hambre. Dios ya sabe lo que es carecer de pan y lo que es sufrir las consecuencias del hambre.

Y no es fácil encontrar pan en el desierto.

Por eso, la tentación parecía tener su lógica. ¿Tienes hambre?

Pero si tú eres el Hijo de Dios ¿qué te cuesta convertir estas piedras en panes?

Utiliza tus poderes divinos y disfruta de una buena hornada de pan convirtiendo en trigo estas piedras.

En nuestra cultura todo lo queremos convertir en pan.

Todo lo queremos ver pan.

Porque todo lo queremos reducir a estómago.

Todo lo reducimos a sentirnos satisfechos de todo. De todo lo que nos agrada y satisface nuestros sentidos. Lo queremos probar todo.

Que no nos falte nada.

Es cierto que el hombre necesita del pan.

Pero ¿será suficiente con llenar los estómagos para sentirnos satisfechos?

Es importante el estómago. ¿Seremos sólo estómago?

El hombre tiene otras dimensiones, y otros rincones dentro de su corazón que no pueden llenarse con el pan, ni el placer de los sentidos.

Hoy hay mucha gente en cuya mesa falta o escasea el pan.

Y hay otros muchos a quienes les sobra el pan.

Incluso algunos ya no comen pan para conservar la línea. El pan engorda. O por el colesterol, por la glucosa y no sé cuantas cosas más.

No son felices los que no tienen pan para sus hijos.

No son felices los que cada día no saben si podrán traer el pan a casa.

No son felices quienes tienen que depender diariamente del pan.

Pero ¿serán felices todos aquellos a quienes les sobra el pan?

Estómagos llenos, pero corazones vacíos.

Estómagos llenos, pero vidas vacías.

Estómagos llenos, pero corazones sin amor.

Estómagos llenos, pero corazones sin comprensión.

Estómagos llenos, pero corazones sin perdón.

Estómagos llenos, pero almas sin la gracia.

Estómagos llenos, pero mentes vacías de ideales.

Estómagos llenos, pero vidas sin esperanza.

Cada día leemos noticias del hambre en el mundo.

De los niños que mueren de hambre. ¿Recuerdas aquella foto del niño en agonía y el buitre esperando por detrás a que muera para saciarse con su cuerpecillo hambriento?

Y nosotros seguimos tan tranquilos, a lo más también nosotros caemos en la tentación de culpar de ello a los demás:

¿Cómo es que Dios permite que ese niño se muera de hambre?

Si Dios es tan bueno como dicen ¿no podía darle de comer?

Si Dios lo puede todo, ¿por qué no puede poner pan en la mesa de sus padres?

¿Qué hace la Iglesia por los que mueren de hambre?

¿No podía vender todas sus riquezas, incluido el Vaticano, para otros coman?

La misma tentación de Jesús. Ya que eres “Hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en panes”. Con tus poderes divinos puedes solucionar tu hambre y el hambre de todos los hombres. La tentación de solucionar los problemas con los milagros de Dios, más que con los milagros de amor y solidaridad de nuestro corazón, que todos podemos hacer cada día.

La Cuaresma ha de ser un tiempo para solidarizarnos con aquellos que no tienen. No convirtiendo las piedras en panes, sino compartiendo nuestros graneros y nuestro pan.

La Cuaresma ha de ser un tiempo, para pensar no solo en el estómago vacío, sino en esas otras hambres que son tan importantes como la carencia de pan.

El hambre de amor, que tantos sufren.

El hambre de comprensión, que tanto escasea.

El hambre de compañía, que tantos necesitan.

El hambre de perdón, que tantos esperan.

El hambre de libertad, que nos arranque de nuestras esclavitudes.

El hambre de un hogar caliente, que tantos hijos no tienen.

El hambre de Dios, ausente de tantas vidas.

El hambre de la Palabra de Dios que nos guíe por nuestros caminos.

El hambre de la gracia y del amor de Dios, sin los cuales la vida carece de sentido.

 

(B)

 

La Cuaresma es un camino que quiere sacarnos de donde estamos para llevarnos a una meta de libertad y plenitud.

Es el recuerdo de un camino que partió de la esclavitud y, atravesando el desierto, llevó a una patria nueva y a una vida nueva.

Es el camino que, partiendo de nuestro desierto de luchas y tentaciones, nos lleva a la mañana de Pascua.

Mas que tiempo de ayunos y abstinencias es un tiempo de decisiones:

Es tiempo de enfrentarnos con nosotros mismos.

Es tiempo donde es preciso definirnos entre “ser o no ser”.

Es tiempo donde es preciso definirnos entre “ser nosotros mismos” o “ser como todos”.

Es tiempo donde se da esa lucha, esa tentación entre aceptar el reto de vivir en nuestra verdad o seguir engañándonos, maquillados con falsas imágenes copiadas de los demás.

Es tiempo de tentación: la tentación de ser o no ser.

La tentación de ser o seguir siendo a medias.

Por so es tiempo de decisión.

Donde decidimos, no sobre los demás, sino sobre nosotros mismos.

No es una batalla que se da fuera, sino en la mente y el corazón.

 

El punto de partida: lo que somos, donde estamos.

El camino: lucha por ser más, un horizonte nuevo.

La meta: una mañana de Pascua donde resucitemos como seres nuevos.

 

Me encantó lo que leí de Walt Disney, hablando de su propia experiencia y que pudiera ser la nuestra. Lo titula “El día que yo cambié”:

“Decidí no esperar las oportunidades sino salir a buscarlas.

Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución.

Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis.

Decidí ver cada noche como un misterio a resolver.

Y cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

Aquel día comencé a ser fuerte, feliz de verdad, gracioso.

Aquel día dejé de temer por cada vez que perdía.

Y sentí que para vencer no es necesario ganar.

Vi que dar lo mejor de mí me hacía feliz, así no fuera el primero, así no me coronaran o me aplaudieran.

Sentí nuevamente que el único rival soy yo mismo.

Me dejó de importar quien ganara o perdiera.

Ahora me importa simplemente sentirme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.

Pero también vi que a veces se cae, y que el único camino es levantarse y seguir.

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, “el amor es una filosofía de vida”.

Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente; aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar tantas cosas…

Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad.

Desde aquel día ya no duermo solo para descansar, ahora también duermo para soñar…” (Walt Disney)

 

La Cuaresma no es tiempo de penitencias.

Es tiempo de “penitencia”.

Es tiempo de cambio. Tempo de sueños.

Y cuando decidimos cambiar, todo cambia en nosotros y a nuestro alrededor.

Cambia nuestra manera de ver.

Cambia nuestra manera de vivir.

Cambia nuestra manera de estar.

 

¿Y por qué, entonces, seguimos teniendo miedo al cambio?

¿Por qué, entonces, seguimos teniendo miedo a abandonar nuestras esclavitudes?

El día que “yo decida cambiar”:

No solo cambiaré yo mismo.

Todo cambiará a mi alrededor.

 

También a nosotros “el Espíritu nos empuja al desierto”.

También nosotros vivimos en medio de esas fieras de nuestros miedos.

También nosotros vivimos en medio de esas luchas internas.

Pero no estamos solos.

Jesús lucha en nosotros y con nosotros.

Por eso, el final del camino ya no será desierto, sino el jardín de la Pascua.

Allí nos esperamos encontrar todos.

Allí nos esperan las flores de la primavera de la nueva vida.

 

(C)

 

Los disfraces de la tentación

Resulta curioso que la Cuaresma tenga lugar a continuación de los carnavales. Porque los carnavales son el tiempo de los disfraces. El tiempo de máscaras, cuando nadie quiere mostrar su propia cara y cada uno se esconde detrás de su propio disfraz. Somos los mismos, pero disfrazados. Somos los mismos pero disimulando nuestra identidad y revistiéndonos de cualquier otro personaje.

 Y lo más curioso todavía es que la Cuaresma comienza también con un disfraz. Con las tentaciones de Jesús que, a poco que se las mire, no son sino un disfraz del demonio para engañar y engatusar a Jesús. Y es que, si examinamos bien cualquiera de las tres tentaciones, nos daremos cuenta de que no son sino disfraces del mal contra el bien.

El pecado tiene mucho de malicioso y ahí está precisamente la fuerza de la tentación. ¿A caso alguien quiere el mal por el mal? ¿Acaso alguien quiere apartarse de Dios libre y voluntaria y conscientemente? La mentira tiene que revestirse de algo que la esconda y la presente como verdad

 

El pecado necesita revestirse del bien para que nosotros lo aceptemos libremente.

 

El pecado se disfraza de la bondad del placer.

El pecado se disfraza de la bondad de la libertad.

El pecado se disfraza de la bondad del éxito.

El pecado se disfraza de la trampa de que “nadie se va a enterar”.

¿A caso el primer pecado no comenzó disfrazado de la posibilidad de que el hombre se convierta en Dios? “Dios sabe que el día que comáis del fruto prohibido seréis como El”.

¿No fue también esa la tentación de los hermanos que pretendieron matar a su hermano José? Ensuciaremos sus vestidos con la sangre de cualquier animal y así se las enviaremos a nuestro padre diciendo que “una fiera lo devoró”?

            Los enamorados se disfrazan diciendo “es que lo hacemos por amor”.

            Las infidelidades se disfrazan de “oportunidades”.

            Las mentiras se disfrazan de “piadosas”.

            Unos traguitos de más, se disfrazan “para matar las penas”.

            Ofrecer una coima, la disfrazamos de que “de lo contrario lo nuestro no sale nunca”.

No. El pecado nunca presenta la cara al descubierto. Siempre aparece escondido y disfrazado. Y así fueron también las tentaciones de Jesús. Se trataba de “demostrar que realmente era Hijo de Dios”. O se trataba de “hacerse poderosos y dueño del mundo”. O simplemente de demostrar que nada la iba a suceder y que se ganaría la admiración de todo el mundo.

Pero ¿dónde está el verdadero disfraz de las tentaciones de Jesús? En tratar de justificarlas con la Palabra de Dios. Por tanto utilizar a Dios como una justificación y legitimación de lo que podía y debía hacer. Y esta es la peor tentación y el peor de los disfraces.

 

Porque en medio de todo, nuestros disfraces no dejan de ser bastante inocentes. Lo peor es cuando tratamos de disfrazar el pecado con el mismo Dios, con su Palabra.

¿Qué juzgamos y condenamos a los malos? Es que lo hacemos para salvar el honor de Dios.

¿Qué imponemos leyes esclavizantes de las conciencias? Claro, lo hacemos en nombre de Dios.

¿Qué no escuchamos a los demás? Nuestra autoridad y lo que nosotros pensamos viene de Dios.

¿Qué hacemos unas interpretaciones rigoristas del Evangelio? Somos los intérpretes de Dios.

¿Qué hay guerras santas? Lo hacemos en nombre de Dios.

 

Abrimos la Cuaresma con las tentaciones de Jesús. Tentaciones disfrazadas de la Palabra de Dios.

¿No sería el momento también de que la Iglesia se preguntase cuantas cosas exigimos en nombre de la Palabra de Dios? ¿Será todo palabra de Dios o no tendrá demasiado de palabra humana? ¿Será todo pensamiento de Dios o no será nuestro propio pensamiento y nuestra teología disfrazada de Dios?

 

Siento miedo a tantos disfraces que me impiden ver la verdad en mi vida.

Siento miedo a tantos disfraces que me impiden entregarme del todo a mi vocación y ministerio.

Siento miedo, como sacerdote, a ciertas exigencias disfrazadas con eso de hablar en nombre de Dios.

Siento miedo, como sacerdote, de si he herido a muchas almas escudándome en la Palabra de Dios.

Siento miedo, como sacerdote, si no habré excluido en nombre de Dios a quienes Dios había escogido y elegido.

 

Jesús y el diablo aparecen como dos escrituristas comentando la Palabra de Dios.

Los dos citan la Palabra de Dios.

Con la única diferencia de que el Diablo leía la Escritura según sus conveniencias.

En tanto que Jesús le dio una lectura correcta.

¿Leeremos siempre la Palabra de Dios desde el corazón de Dios, o más bien desde nuestros intereses y nuestras mentalidades?

Ciertos exhibicionismos ¿no serán secretos disfraces de querer honrar a Dios?

Ciertos lujos ¿no serán justificados a título de gloria de Dios?

 

Un buen trabajo cuaresmal. Reconocer nuestros disfraces. Quitarnos esas caretas, incluso si la careta se llama “autoridad”, “Palabra de Dios”, “obrar en nombre de Dios”.

 

 

 

Oración de los fieles

 

(A)

 

A Dios nuestro Padre, que siempre mira con compasión las necesidades de su pueblo, nos dirigimos, pidiéndole: NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN

 

 1.- En este tiempo de Cuaresma, Tú te pones, Señor, al frente de tu pueblo en su camino hacia la Pascua.

 - Danos verdadera sed de tu Palabra para que descubramos en ella una fuente de renovación para nuestra vida. Oremos.

2.- En este tiempo de Cuaresma, Tú nos vuelves a decir que te haces presente en el hambre y la sed de los hombres y mujeres de hoy.

 - Danos fuerza para luchar, como Jesucristo, contra las desviaciones al mal, a la violencia, al afán de dominio y al placer seductor, que nos impiden realizar nuestra vocación. Oremos.

3.- En este tiempo de Cuaresma, Tú nos invitas a compartir.

 - Haznos disponibles y solidarios con nuestros hermanos, compartiendo no sólo dinero y comida, sino también tiempo, vida y experiencia de fe. Oremos. 

4.- En este tiempo de Cuaresma, Tú esperas que dejemos atrás nuestra fe acomplejada y nos atrevamos a vivir lo que Jesús anunció.

 - Danos la fuerza de tu Espíritu, para que seamos valientes y decididos en nuestras familias, y también ellas gocen con la Buena Noticia. Oremos.

 

Te lo pedimos, por JNS.

 

(B)

 

     Conscientes de nuestras debilidades y de las dificultades y tentaciones que encontramos a lo largo de nuestra vida, oremos a Dios diciéndole: ¡NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN!

 

Por los dirigentes de la Iglesia y de las Naciones, para que no caigan en la tentación del poder.

¡NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN!

Por los países desarrollados, para que no caigan en la tentación del conformismo y del consumo, olvidándose de los países subdesarrollados.

¡NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN!

Por los que formamos la Iglesia de Jesús, para que no caigamos en la tentación de considerarnos superiores a los creyentes de otras religiones.

¡NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN!

Por todos los que creemos en Jesús, para que no caigamos en la tentación de seguirle solamente en aquello que nos resulta fácil.

¡NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN!

 

Oremos: No nos dejes, Señor, caer en la tentación; líbranos de todo mal y danos siempre la luz y la fuerza de tu Palabra y de tu Espíritu.

 

(C)

    

En este tiempo de Cuaresma, tiempo de perdón y de gracia, pedimos, Señor, tu misericordia a favor de todos los hombres: ¡ESCÚCHANOS, SEÑOR!

 

Señor Jesús: Tú que ayunaste cuarenta días, enséñanos a vivir con austeridad y a compartir con los más necesitados.

¡ESCÚCHANOS SEÑOR!

Señor Jesús: Tú que rechazaste el camino del poder y la gloria, enséñanos a vivir con sencillez y con espíritu de servicio.

¡ESCÚCHANOS SEÑOR!

Señor Jesús: Tú que quisiste ser tentado como nosotros, ayúdanos a no caer en la tentación.

¡ESCÚCHANOS SEÑOR!

Señor Jesús: Tú que fuiste siempre solidario con las personas, ayúdanos a hacer de nuestra parroquia una familia unida y solidaria.

¡ESCÚCHANOS SEÑOR!

Oremos: Señor Jesús: ayúdanos a seguir tu ejemplo; no nos dejes caer en la tentación y líbranos de todo mal. Amén.

 

 

Símbolos y ofrendas

 

Junto con el Pan y el Vino de la Eucaristía, ofrecemos símbolos de nuestro diario caminar…

 

Calzado: Queremos calzar unas buenas botas

para evitar que tiemblen nuestras piernas

ante cualquier dificultad y poder seguir,

con paso firme, hacia la meta final...

 

Bastón: Todos tenemos tropiezos y caídas,

traemos este bastón para fortalecer

nuestros deseos de seguir hacia delante,

pues contamos con el apoyo y la fuerza del Señor

 

Cantimplora: Y cuando el calor apriete y llegue la sed,

una buena cantimplora con agua refrescante,

para entregar toda su riqueza a quien lo necesite,

aunque se vacíe y agote...

 

Pan y Vino: Al traer este Pan, símbolo de comida,

recordamos a quienes lo sembraron y amasaron con esfuerzo y  cariño.

Al traer el vino, símbolo de bebida, recordamos

a quienes recogieron y pisaron la uva con sudor y alegría.

 

 

Prefacio...

 

Señor y Padre nuestro, hoy te damos

gracias por el regalo de la Cuaresma.

No nos dejes caer en la tentación

de malgastar esta nueva oportunidad que nos brindas.

 Infúndenos tu Espíritu,

que dé alas a la imaginación

y sacuda nuestra inercia,

para que empecemos a tomarnos más en serio el Evangelio. 

Que nuestro ayuno

sea un no rotundo al consumismo

y un sí de corazón

a la solidaridad con los pobres de este mundo. 

Que nuestras privaciones

sirvan de ayuda a los más necesitados

y de alivio a los que sufren.

Que las procesiones

no desfilen sólo por las calles,

sino que vayan por dentro

y acaben con el egoísmo,

el etnocentrismo y la indiferencia.

Queremos estar siempre contigo,

siempre en contacto,

siempre en oración,

para escucharte en todo momento

y en todo instante decirte

que cuentes con nosotros.

Hoy comenzamos.

Por eso, con los ángeles, los santos y con toda persona de buena voluntad,

te alabamos cantando:

 

Santo, Santo, Santo...

 

 

Padre Nuestro

 

Ante los peligros y las tentaciones que la vida nos presenta cada día, es importante tener a nuestro lado alguien que nos ayude a no caer en ellas.  Vamos a pedir al Padre ser conscientes de su cercanía y de su ayuda constante. Juntos le decimos...

 

Gesto de Paz

 

Los que tienen a Jesús no hacen nunca la guerra a nadie, aunque los demás no tengan nuestras ideas...Los amigos de Jesús son siempre sembradores de paz, de amistad, Nuestro saludo de paz, al comenzar la Cuaresma, es un deseo de encontrarnos con todos los hombres y mujeres, jóvenes y niños de todas las razas y naciones de la tierra.

 

Compartimos el pan:

 

Estamos caminando junto a Jesús y a nuestros hermanos. Pero el camino es duro y a veces nos faltan las fuerzas. Hay que reponerse.

Jesús nos invita a su Mesa. Es el Banquete de su Cuerpo que es Pan de Vida y fuerza para nuestro caminar. Dichosos los invitados...

 

 

Oración

 

Nos distraen de ti

 

Son muchas las cosas que nos distraen de ti, Señor,

la vida cotidiana, con su trajín diario nos dispersa,

la preocupación por cualquier nadería nos hace desconfiar,

la prisa y el agobio nos hace no dejar un hueco para ti.

 

La moda y el deseo de agradar nos ocupa la mente,

la eficacia y el trabajar sin parar nos llena la agenda,

los nuestros y sus mil necesidades nos acaparan,

el deseo de todas las cosas aleja nuestros pensar en ti.

 

El ocio compulsivo, el cine, la tele, la prensa, los libros,

la música, las compras, las obligaciones,

todos ellos son ruidos que me alejan,

acciones que me separan de ti,

son ocupaciones que me entretienen y distraen de lo esencial.

 

La gente que me quiere, la familia, los míos,

también a veces son los que me distancian de ti,

porque me ocupo y me preocupo, como si todo lo hiciera solo,

sin darme cuenta de que todo en mi vida lo vivo contigo,

y disfrutando de tu compañía la vida me pesa menos,

mis capacidades personales aumentan y sosiegas mi interior.

 

Sé tú mi Dios siempre, Señor,

sé tú mi norte y mi fin, mi meta y mi consuelo,

se tú la alegría de mi corazón, el aire que respiro,

el descanso cotidiano y la templanza de mi alma.

 

(B)

 

Señor: Yo sé que mi vida está llena de disfraces.

Disfraces que me impiden ver mi propia verdad

y la verdad de los demás.

Disfraces que me impiden vivir en la verdad.

Disfraces tras los cuales, con frecuencia escondo

y oculto mi propia mentira.

Disfraces tras los cuales oculto mis propios intereses,

mis vanidades y orgullos.

Pero que yo me atrevo a justificar con tu nombre y tu Palabra.

 

 

Bendición:

 

“No sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. Enséñanos a vivir de tu Palabra, pero ayúdanos a no caer en la tentación de esperar milagros que nos den el pan gratis, cuando debemos ganarlo con nuestro esfuerzo. Para ello que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros.