Moniciones, oraciones y homilías Miércoles de Ceniza

 

Mensaje:

 

El miércoles de Ceniza es el atrio de la cuaresma. Se nos quiere concienciar sobre el sentido y el espíritu de este tiempo por medio de oraciones, palabras y ritos.

·       Destaca la imposición de la ceniza, que parece quiere hablarnos de la fugacidad de la vida, de nuestra fragilidad e inconsistencia existencial. Sería por lo tanto una locura aferrarse a las cosas temporales.

·       El evangelio, espléndido, nos habla de la oración y la penitencia que agradan a Dios. Es una llamada a la verdad, a la autenticidad, a la limpieza interior. No basta hacer las cosas, hay que saber hacerlas.

·       Otras oraciones y lecturas nos advierten que entramos en un tiempo precioso, un tiempo gracioso: “Ahora es el tiempo de la gracia”. Por eso es preciso prepararse, pero por dentro; que necesitamos conversión, pero por dentro, la del corazón; no hace falta que ayune el estómago, sino el corazón; que ayune de soberbias y ambiciones y se vuelva compasivo y misericordioso”.

Como esto nos resulta muy difícil, pedimos al Señor su gracia “fortalécenos con tu auxilio... para que nos mantengamos en espíritu de conversión”.

Sabemos que el Señor nos escuchará, porque, al ser compasivo y misericordioso, “se inclina ante el que se humilla”. O sea, el Señor ve con buenos ojos que celebremos una cuaresma pobre y humilde.

 

Cuaresma, tiempo de gracia

 

“Ahora es tiempo de gracia...”

Cuaresma no es sólo

época de ayunos y abstinencias,

de colores morados y recuerdos de muerte...

 

Cuaresma es camino de vida.

Si nos recuerda que somos polvo

y al polvo volveremos

es también para decirnos

que Dios nos sacará de la ceniza.

 

Cuaresma es camino de bautismo,

porque nuestro bautismo de niños

debe hacerse siempre adulto;

porque es en el día a día

donde el corazón de piedra

se va haciendo de carne;

donde nuestra vieja humanidad

se transforma en joven...

 

Cuaresma es camino de lucha

contra los enemigos de fuera

y, más aún, los que llevamos dentro,

agarrados a nuestra condición humana.

A los que nos repiten siempre

que sólo de pan, de confort y de lujos

vive el corazón del hombre...

Tú les respondes

que es la palabra de tu boca

la que da verdadera vida...

 

 A los que nos animan y empujan

a apuntarnos a éxitos fáciles

a cambios externos y frívolos...

Tú les respondes

que no podemos tentar al Señor Dios;

que el camino de conversión

es camino siempre de lucha,

de esfuerzo y continuidad.

 

Y a los que nos piden

adorar a otros señores:

al Dios-dinero, al Dios-sexo,

al Dios-bienestar, al Dios-droga...

Tú les respondes

que el Señor Dios es sólo uno,

que a Él sólo podemos adorar;

que no podemos servir a dos señores...

 

Cuaresma es tiempo de gracia,

aunque la historia de los hombres

sea triste y cruel;

aunque nuestra propia historia

sea tan pobre y tan vulgar...

 

Porque donde abundó el pecado,

mucho más sobreabunda la gracia;

porque no existe proporción

entre nuestra culpa y el don de Dios;

porque gracias a uno solo, Jesucristo,

recibimos a raudales

el don gratuito de la amnistía,

de la paz total contigo...

Sí, Cuaresma es tiempo de gracia.

 

 

Monición de entrada

 

(A)

 

Empezamos hoy el tiempo de Cuaresma, tiempo litúrgico fuerte, cuarenta días de camino hacia la Pascua de Cristo, nuestra Pascua.

Queremos, con la ayuda del Espíritu, que sea un tiempo de gracia. Un tiempo de conversión, es decir, de rejuvenecimiento. Un tiempo para crecer, para ser, para amar.

Crecer: en la fe, en el conocimiento de Jesús, en el desarrollo de nuestras capacidades y talentos.

Ser: en la línea de la autenticidad cristiana y humana. Ser más humanos quiere decir más libres, más responsables, más justos y solidarios. Ser más cristianos quiere decir ser más conscientes y consecuentes de lo que confesamos y creemos, estar más compenetrados con los criterios y actitudes de Jesús, identificarnos más con él.

Amar: porque éste es el verdadero camino para el crecimiento y la vivencia cristiana. Somos y crecemos en la medida que amamos. Y amar significa compartir, servir, entregarse. es un camino que nunca acabamos de recorrer.

 

(B)

 

Hermanos, nos reunimos en este día del Miércoles de Ceniza, con el fin de dar inicio a este tiempo de Cuaresma y preparación para la Pascua del Señor. Y lo hacemos, no desde el cumplir un rito inevitable, sino desde la conciencia de que estamos necesitados de penitencia y conversión. Queremos simbolizarlo a través de un rito que exprese el dejar las viejas cosas que imposibilitan nuestro encuentro con el Señor y afirmar cuanto lo propicia. Ánimo, entonces, amigos, porque hoy es un día de gracia.

 

(C)

 

Este es un miércoles muy especial; tiene nombre propio: Miércoles de Ceniza, inicio de la Cuaresma. Porque es especial estamos aquí. Lo especial nos reúne. No es el día más importante de la Cuaresma, sino el día en que comienza la Cuaresma. Y los inicios se destacan, como destacamos el inicio del año, por ejemplo.

La manera de destacar el comienzo de la Cuaresma, en la tradición cristiana, es la imposición de la ceniza. En su origen no era una ceniza cualquiera, sino la ceniza que salí de la combustión de los ramos y palmas del Domingo de Ramos del año anterior.

Con los ramos con los que aclamamos al Señor entrando triunfalmente en Jerusalén, se sacaba la ceniza para tiznarnos.

Puede parecer un gesto raro eso de “echarnos ceniza”. Sin embargo, posee sentido simbólico y pedagógico: señala una realidad de caducidad, de humildad, de penitencia, de reconocimiento de lo que somos: “en verdad soy polvo y ceniza”, dice Abrahán en Génesis. Nosotros decimos lo mismo: “No somos gran cosa”, “¿Pero tú qué te has creído que eres?”, “Si al final lo vas a dejar todo aquí”, etc.          Es también un gesto pedagógico porque señala etapa y sirve para situarnos en una realidad de un tiempo importante como es la Cuaresma.

Lo importante hoy no es la ceniza, sino que somos invitados por Dios a conversión. Comenzamos la Cuaresma con ceniza. La terminaremos con fuego, con agua y con luz en la Vigilia Pascual. El intermedio, un espacio de tiempo para dejarnos empapar por la Palabra y la acción de Dios.

 

Oración colecta

 

Dios, Padre bueno, sabemos que nos amas y que eres fiel a tus promesas. Sigue mirando con cariño a esta Comunidad y refuerza en nosotros la presencia de tu Espíritu. Que Él nos ilumine para vivir con atención, con esfuerzo y con fidelidad. Y que el ánimo, que nos damos unos a otros, nos ayude a llevar a feliz término las esperanzas y los deseos de santidad que sentimos como cristianos. Por JNS...

 

Escuchamos la Palabra

 

Antes de las lecturas:

 

Las lecturas que leeremos nos llaman a la conversión, al cambio radical de vida. Y nos dirán que hoy, ahora mismo, es el día de la salvación, el tiempo de la gracia. Y nos dejarán muy claro que lo que Dios quiere es la conversión que empieza en el corazón, no la que se queda en las apariencias. Escuchémoslo con toda nuestra atención.

 

 

(A)

 

Lectura del libro de Joel

 

“Ahora –oráculo del Señor- Convertíos a mí de todo corazón: con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones no las vestiduras: convertíos al Señor Dios vuestro; porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas”. Quizá se arrepienta y nos deje todavía la bendición, la ofrenda, la libación del Señor nuestro Dios. Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión; congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos, congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba; la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: “Perdona, Señor, perdona a tu pueblo, no entregues tu heredad al oprobio; no la dominen los gentiles, no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios? El Señor sienta celo por su tierra y perdone a su pueblo”.

 

                                                        Palabra de Dios

 

 

(B)

 

(Leer esta lectura si se predica la homilía (C))

 

Lectura del Profeta Oseas

 

Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; y viviremos delante de él. Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra. “¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra piedad es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de los profetas, os condené con la palabra de mi boca. Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos”.

 

                                                                  Palabra de Dios

 

 

 

 

Monición al salmo:

 

“Misericordia, Señor, hemos pecado”. Dios ha dado el primer paso y nos ha llamado a la conversión. Ahora hemos de responder nosotros; pero, como nos ofrece las palabras de respuesta en este salmo 50 que va a ser una constante durante todo este tiempo de cuaresma: pedimos misericordia porque somos pecadores, pedimos un corazón nuevo para ser criaturas nuevas renovadas.

 

Salmo: Salmo 50

 

+ Lectura del santo Evangelio según San Mateo

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando des limosna, no vayas tocando la trompeta por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Cuando tú vayas a rezar entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará”.

 

 

                                                                           Palabra del Señor

 

 

Homilías

 

(A)

 

A lo largo de todo este tiempo –Cuaresma y Pascua- se nos va a insistir sobre la necesidad de cambiar el corazón. Pediremos al Señor, con los profetas, que cambie nuestro corazón de piedra por un corazón de carne, que nos de un corazón nuevo, grande, sensible, generoso, como el corazón de Cristo.

Este cambio de corazón es lo que llamamos conversión. Sabemos que esto, por desgracia, no se va a hacer en un día ni en una Cuaresma, sino que habrá que convertirse día a día, progresiva y permanentemente. Tenemos que vivir en estado de conversión.

Al hablar del corazón nuevo nos hará bien recordar un sencillo pensamiento de Fray Luis de Granada. Decía este clásico que el hombre debiera de tener un corazón de hijo para con Dios, un corazón de madre para con los demás, un corazón de juez para consigo mismo. Puede ser una buena meta para el cambio cuaresmal.

Porque ¿cuál es la realidad de nuestro corazón? La realidad es que lo tenemos todo cambiado. Nosotros tenemos un corazón de siervo para con Dios, de juez para con los demás, de madre para con nosotros mismos. Y así nos van las cosas.

Siervos. Por mucho que le digamos Padre, acudimos a Dios con desconfianza, con cierto o mucho temor, con ciertas o muchas exigencias, como pidiendo la paga.

De siervos a hijos. Que el Señor nos cambie ese atemorizado corazón, que nos haga sentirnos gozosos y confiados en su presencia, que seamos capaces de ponernos en sus manos incondicionalmente. Un corazón de niño ante su Padre, que no le discute nada, que no le exige nada, que no le regatea nada. Un corazón que se siente inundado en cada momento por un amor poderoso y gratuito.

Juez. Parece que todos hemos nacido con esta vocación. Nos encanta juzgar a los otros, lo que hacen y dejan de hacer, lo que dicen y dejan de decir, lo que sienten o dejan de sentir. Juzgamos hasta lo que piensan, que no siempre responde a lo que dicen. Y nuestros juicios son hirientes, tajantes, condenatorios. Nos complace ver el lado negativo de los demás. Los miramos fríamente y desde lejos, todo con lupa. Decimos que lo mejor es pensar mal. Repartimos a boleo premios y castigos; los primeros, pocos, a contrapelo; los segundos, en abundancia.

De juez a madre. Esto sí que sería un cambio de corazón. Las madres no juzgan a sus hijos, porque los miran entrañablemente, porque los conocen profundamente, porque los miran con el corazón. Ellas lo comprenden todo, porque aman. Tienen una paciencia infinita, porque esperan. Es el corazón que más se parece al de Dios. Si tuviéramos un corazón de madre para los demás, las relaciones humanas serían comprensivas y cordiales, nos sentiríamos seguros los unos de los otros, no tendríamos necesidad de mentir y ser hipócritas. Si tuviéramos corazón de madre, nuestras relaciones se llenarían de luz.

Madre. Para con nosotros mismo somos muy complacientes y benévolos, hermanitas de la caridad. Nos parece que no hacemos nada malo, y si tenemos algún fallo es más bien sin querer. Nos perdonamos enseguida. Algunas cosas que nos echan en cara, es porque no nos conocen bien; en el fondo somos buenos. Lo que pasa es que yo soy así, es mi temperamento y mi manera de ser. También hay que tener en cuenta el ambiente, la falta de medios, miles de circunstancias. Yo no tengo pecado.

De madre a juez. Nos convendría un poco más de rigor y de exigencia para con nosotros mismos. Nos convendría escuchar más a los demás y aceptar sus juicios. Nos convendría que, si no somos capaces de conocernos y exigirnos, alguien nos ayudara en una cosa y en otra. Dicen que es una de las cosas más difíciles, conocerse bien y juzgarse bien. Podemos pasar de un extremo al otro. Júzgate bien. Júzgate en verdad y con justicia, pero también con amor.

Juez, pero sin pasarse. Tampoco debemos ser excesivamente duros con nosotros mismos. También tenemos que saber comprendernos, valorarnos y perdonarnos. Pasa a veces que nos exigimos y condenamos demasiado. Un poquito de amor y de compasión para ti...

Así pues el camino del corazón, el camino cuaresmal es, tener un corazón de hijo para con Dios, de madre para con los demás y de juez para con nosotros mismos.

 

 

 

(B)

 

El evangelio de Mateo abre cada año la Cuaresma el Miércoles de Ceniza con este texto del sermón de la montaña en el que Jesús nos ofrece tres herramientas, estas tres actividades que tan útiles nos pueden ser para renovar y confirmar nuestro seguimiento tras sus huellas, y expresar la nueva vida que Dios ha hecho nacer en nosotros: la oración, el ayuno y la limosna. Constituye un buen programa para este tiempo. Cada uno de nosotros debiera marchar de esta celebración de hoy concretando la práctica de este ejercicio cuaresmal: ¿Cómo y cuándo rezaremos a este Dios estos 40 días? ¿De qué cosas ayunaré este año? ¿Qué gesto de amor haré a favor de mis hermanos, en especial de los más necesitados?

٭La oración ha de ocupar un lugar preferente en el tiempo de Cuaresma. Una oración permanente y fiel al momento del día que hayamos decidido elegir. Una oración que refuerce nuestros vínculos con Jesús. Una oración que sea un diálogo amoroso con el Señor que consiste en hablarle, en explicarle nuestras cosas, las necesidades de los hermanos, en escucharle en todo aquello que él nos dice en el evangelio y en el fondo del corazón. Una oración en la que expresemos cómo le amamos, y en la que sintamos su amor, su entrega, al contemplarlo clavado en la cruz y glorioso una vez resucitado. Y eso tanto en su persona, como en la de todos los hombres y mujeres de nuestro mundo.

٭En un mundo como el nuestro, enloquecido por las posibilidades del consumo, de diversión, de evasión, y que nos endurece el corazón ante tanta creciente pobreza y tanto sufrimiento, necesitamos ayunar. No porque nos guste el ayuno por el ayuno, ni porque esperemos acumular muchos méritos ante Dios, sino porque el ayuno nos hace capaces de abrir los ojos y de esponjar el corazón, nos hace más libres para amar y seguir a Jesús. Ayunar de aquello que nos engorda de orgullo, de vicio, de pasiones, de ataduras con las cosas, de ser esclavos de nosotros mismos y nos priva de amar, de llenarnos de Dios y de los demás. Cada uno verá de qué cosas debe ayunar. Y sabemos que no siempre el ayuno deberá ser de comida y bebida. ¿Qué ayuno hará cada uno durante esta Cuaresma para ampliar su capacidad de amar?

٭La limosna, ha de ser también signo de nuestra sincera conversión cuaresmal, de la autenticidad de nuestra oración, de los frutos de nuestros ayunos. Dar y compartir nuestro dinero, las cosas, el tiempo, nuestras capacidades y cualidades, nuestra persona entera. Tener demasiado hace daño. Nos hace incapaces de andar ligero, nos esclaviza, nos distancia de los demás, nos atenaza el corazón. ¿Qué daré a los demás en esta Cuaresma? ¿Más tiempo a mi familia, mayor delicadeza a mi trato con los demás? ¿Vaciar algo mi bolsillo para llenar el de aquellos que lo tienen vacío? ¿Qué haré para ser más solidario con el mundo pobre y marginado? ¿Con qué grupos puedo colaborar o aportar mi ayuda? Aquello que ahorre con mi ayuno y privaciones cuaresmales, ¿por qué no lo entrego a alguna campaña de solidaridad?

 

El gesto penitencial de la imposición de la ceniza y el acercarnos a la mesa del Señor para recibir la Eucaristía han de ser expresión ante Dios y la comunidad aquí reunida de nuestro firme compromiso de ser fieles al Señor. Han de ser, también, reconocimiento de nuestra debilidad, de nuestra condición pecadora, de nuestras ganas de renovar la vida y la necesidad que todos tenemos de la comunión con Jesús.

 

(C)

 

“¡Ea, volvamos al Señor!” Nos dice el profeta Oseas.

Se nos ha repetido muchas veces que lo central en la Cuaresma no son las penitencias del pasado, hoy casi desaparecidas: el no ir al cine –que no ha sido sustituido por el no ver la televisión-; el dejar de fumar hoy lo recomiendan más los médicos que los predicadores; el no comer carne –hoy el pescado es más caro que la carne y los mariscos no rompen la abstinencia.

Y nos dice, también, Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificios”.

Lo central de la Cuaresma es ese “conviértete y cree en el evangelio”, que se nos dice al imponer la ceniza sobre nuestra frente. Ya no se suele decir: “Acuérdate de que eres polvo y en polvo te convertirás”. Más bien se nos dice que del polvo y la ceniza de nuestra vida puede nacer una vida resucitada, si nos convertimos al evangelio. No se trata de hacer penitencias que se quedan en la epidermis de nuestro ser, sino de entrar en un proceso de conversión, de metanoia, de cambio de mente y del corazón; de luchar por transformar nuestro corazón de piedra en uno de carne; en morir a nuestro hombre viejo para nacer a la vida nueva de resucitados a la que renació Cristo desde su sepulcro...

Y nos lo repite Oseas, el profeta que presentó a Dios como un esposo que se siente triste por la infidelidad de la mujer a la que había amado siempre. Podemos madrugar, desde nuestra aflicción, o desde nuestro sin sentido y desde nuestra superficialidad. Si la vida, si nuestra propia forma de actuar, nos ha desgarrado, él, el Señor, nos curará; si nuestro corazón está herido por la tristeza y la desesperanza, él nos lo vendará porque “en dos días nos sanará, el tercero nos resucitará y viviremos delante de él”. Lo que tenemos que hacer es “esforzarnos por conocer al Señor, ya que su amanecer es como la aurora y su palabra surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana; como lluvia tardía que empapa la tierra”. Porque últimamente no confiamos  en nuestra propia misericordia, sino en las entrañas de misericordia y acogida de nuestro Dios que siempre nos espera y nos acoge.

“¡Ea, volvamos al Señor!”, porque le necesitamos en nuestra aflicción, en nuestras desesperanzas y angustias... En él podemos encontrar siempre una palabra de aliento y una presencia cálida.

“¡Ea, volvamos al Señor”, porque también le necesitamos en nuestras alegrías e ilusiones; en nuestras esperanzas y en nuestros mejores deseos. Él nos acompaña siempre y da plenitud a todo lo bueno que vamos recibiendo de la vida, de nuestros seres queridos, de nuestros logros y éxitos...

“¡Ea, volvamos al Señor!”, porque, por muy torcidos que sean nuestros caminos, él siempre nos dice al corazón que podemos empezar de nuevo; que donde abundó el pecado, sobreabunda siempre su gracia; porque él siempre me dice, cuando acudo a él con la verdad de mi vida: “Tú eres aceptado. Acepta que tú eres aceptado por Alguien que es más grande que tú mismo”.

“¡Ea, volvamos al Señor!”, porque él puede hacer que nazca en mí una carne nueva, más sensible y cordial; él puede convertir mi misericordia, que era “como nube mañanera y como rocío de madrugada que se evapora” en un corazón sensible que, porque ha experimentado sobre sí la acogida de nuestro Dios, es capaz de perdonar, de comprender y de amar.

“¡Ea, volvamos al Señor!”...

 

Imposición de la Ceniza

 

Ahora el sacerdote va a bendecir la Ceniza que luego impondrá sobre nuestras cabezas. Esta ceniza es símbolo de nuestra debilidad, de nuestros pecados, de nuestro egoísmo al separarnos de Dios y de los demás.

Al recibirla vamos a comprometernos a cambiar el rumbo de nuestras vidas, y emprender una Nueva Ruta que nos lleve al encuentro con Jesús y con todos los hermanos.

 

Padre nuestro: cuando somos sinceros y reconocemos sencillamente nuestros defectos, sin intentar disimularlos, tú nos miras con cariño de Padre: Míranos aquí reunidos y bendícenos a todos para que este signo de la ceniza no se quede en un puro rito, sino que signifique el esfuerzo que queremos hacer esta Cuaresma para conocer más a Jesús, a nosotros mismos, y llegar a ser como tú quieres que seamos. (Silencio...)

 

Señor, que nos ofreces la oportunidad de la Cuaresma para cambiar y ser mejores, dígnate bendecir (+) esta ceniza que vamos a imponer sobre nuestras cabezas. Que el polvo de la ceniza sea símbolo de todo lo que queremos que desaparezca de nuestras vidas: el odio, el rencor, la violencia, la falta de respeto a los demás, el egoísmo.

Ayúdanos a abrir nuestros corazones al amor de Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

El recibir la ceniza es señal de arrepentimiento. Por eso, pedimos perdón a Dios por nuestros pecados. En silencio por nuestro pecados personales... (momento de silencio).

 

Y públicamente nos comprometemos a cambiar

(Si hay niños dos niños leen...)

 

Señor, queremos ser mejores, porque Tú nos quieres y quieres que seamos buenos. A veces elegimos el camino equivocado y nuestro corazón se hace pequeño y nos cuesta amar a los demás.

Hoy queremos verte, como Zaqueo. Si Tú nos miras, Señor, nuestro corazón cambiará, se hará más grande, más acogedor, más compasivo.

Danos, Señor un corazón nuevo, como a Zaqueo.

 

Canto: Oh Dios, crea en mí un corazón nuevo...

 

Señor, si tú nos miras y nosotros te vemos, seremos valientes, como Zaqueo, no tendremos miedo de hacer el bien, sabremos privarnos de lo que no es bueno, soplaremos el polvo de nuestro egoísmo, de nuestra pereza, de nuestra soberbia; seremos sinceros; sabremos ayudar y compartir, seremos hermanos.

Si Tú nos miras y te vemos, cambiaremos, porque nos quieres y te queremos.

 

Canto: Oh Dios, crea en mí un corazón nuevo...

 

 

Imposición de la ceniza:

 

Se puede hacer un doble gesto, besar la Palabra de Dios y recibir la ceniza, utilizando las dos fórmulas del ritual.

Para la Palabra: “Conviértete y cree en el evangelio”.

Y para la ceniza: “Acuérdate de que eres polvo y en polvo te has de convertir”.

 

Plegaria de los fieles

 

(A)

 

Animados por el espíritu de Dios que todo lo renueva, dirijamos nuestras invocaciones a Cristo. Respondamos diciendo:

 

ENVÍA, SEÑOR, TU ESPÍRITU DE VIDA.

 

1.- Sobre los pastores de la Iglesia...

2.- Sobre los esposos consagrados en el amor...

3.- Sobre las personas dedicadas al servicio de Dios...

4.- Sobre los pobres y los que ocupan los últimos lugares...

5.-Sobre los perseguidos y oprimidos...

6.- Sobre los enfermos y desesperados...

7.- Sobre los niños y los ancianos abandonados...

8.- Sobre las víctimas del hambre y del odio...

9.- Sobre los que están solos y buscan quien les consuele...

10.- Sobre los que se han descarriado y alejado de Dios...

11.- Sobre los que empezamos el camino de preparación hacia la Pascua...

 

Envíanos tu Espíritu, Señor Jesús, que cree en nosotros un corazón nuevo. Danos tu perdón y tu paz. Tú, que vives y reinas, con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

 

(B)

 

Al comenzar este tiempo de Cuaresma, Padre, deja que nuestro corazón se desborde en plegaria, pues necesitamos encontrar tu rostro, lo mismo que el mundo en el que vivimos. Por eso queremos repetirte:

 

Todos: TU ROSTRO BUSCARÉ, SEÑOR.

 

1.- Que buscar tu rostro sea fijarse en los rostros cansados y abatidos de nuestros hermanos. Oremos...

2.- Que buscar tu rostro sea mirar hacia la faz herida del planeta, necesitado de cuidados y protección. Oremos...

3.- Que buscar tu rostro sea poner los ojos en Jesús para seguir haciendo camino de fraternidad. Oremos...

4.- Que buscar tu rostro sea buscar en la comunidad de creyentes el lugar donde conocer a Dios y luchar por su causa. Oremos...

 

Danos tu fuerza y tu inspiración, Señor, para transformar nuestra oración, nuestro ayuno y nuestra limosna en una búsqueda real y concreta de tu rostro en esta tierra y en nuestro mundo. Por JNS...

 

Oración sobre las ofrendas:

 

Al ofrecerte esta Eucaristía que inaugura la Cuaresma te pedimos, Señor, que nuestras obras de caridad y nuestras penitencias nos ayuden al dominio de nosotros mismos. Para que limpios de pecado, merezcamos celebrar los misterios de la Pasión de tu Hijo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

Plegaria Eucarística

 

En verdad es justo darte gracias a Ti,

Dios compasivo y misericordioso,

porque continuamente nos ofreces tu perdón

y nos invitas a confiar en tu bondad.

Nos enviaste a tu Hijo Jesús

que nos enseñó a perdonar,

a ayudar a los demás,

y a sacrificarnos para seguir sus pasos.

Él llevó una vida sencilla

y supo sacrificarse por todos.

Llenos de admiración y agradecimiento,

queremos unir nuestras voces

a los coros de ángeles y santos

para proclamar la fuerza de tu Amor

y la alegría de tu Salvación

diciendo:

 

Santo, Santo, Santo...

 

Tú, que buscas desde el principio

lo que es bueno para nosotros,

mira a tu pueblo, aquí reunido.

Envíanos el Espíritu de Jesús

para que nos ayude a comenzar esta Cuaresma

con espíritu de sacrificio y de servicio.

Y que estas ofrendas de pan y vino

se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Jesús.

 

Cuando estábamos lejos de Ti,

el mismo Jesús dio su vida por nosotros,

para que estuviésemos en paz contigo

y unidos entre nosotros.

 

En su última Cena, aquí en la tierra,

sentado a la mesa con sus discípulos,

tomó pan, te dio gracias,

lo partió y se lo dio diciendo:

 

Tomad y comed...

 

Y lo mismo hizo con la copa de vino.

Al terminar la Cena, la tomó de la mesa,

te dio gracias y se la pasó a los discípulos diciendo:

 

Tomad y bebed...

 

Aclamad el misterio de la Redención

Por tu Cruz y Resurrección nos has salvado, Señor.

 

Padre de bondad,

estamos renovando la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Mira con amor esta ofrenda

que nos restablece en tu amistad.

Danos tu Espíritu de Amor

que haga desaparecer de entre nosotros

las causas de nuestras divisiones

y nos una a todos como hermanos.

Queremos mantenernos unidos al Papa

y a todos los pastores que dirigen la Iglesia.

Queremos mantenernos unidos

a todas las Comunidades Cristianas

repartidas por el mundo

el signo visible de la unidad

y la fiel servidora y seguidora de Jesús.

 

Recuerda a tus hijos...

y a nuestros familiares, amigos,

y fieles difuntos de esta Comunidad....

 

Ahora nos unimos a María, a los Santos,

y a todas las personas de corazón sencillo

para brindar con el pan y la copa

que son el Cuerpo y la Sangre de Jesús,

diciendo:

 

Por Cristo, con Él y en Él...

 

 

Padrenuestro

 

Como barro que somos nos ponemos en tus manos de alfarero. Empápanos de tu misericordia, renuévanos por dentro con espíritu firme y haznos sentir el gozo de tu salvación. Y agradecidos por tu bondad, una vez más , te decimos: Padre nuestro...

 

Nos damos la paz

 

No basta con rezar. Hay que dar un paso más y manifestar a los que están junto a nosotros que les queremos. Se lo demostramos dándonos el saludo de la paz.

 

 

 

 

 

Compartimos el pan

 

Es el momento de compartir la mesa de Jesús. Necesitamos alimentarnos de Jesús para estar fuertes y poder hacer realidad, la conversión que Él nos invita a realizar en cada uno durante esta Cuaresma. Que esta comunión nos llene de Jesús y de su Evangelio. Dichosos los invitados...

 

Oración de compromiso para terminar

 

Antes de terminar nuestra celebración, proclamemos juntos nuestro deseo de hacer entre todos un mundo más hermoso.

 

Todos: QUEREMOS HACER UN MUNDO MEJOR.

 

-Queremos hacer un mundo nuevo, una tierra nueva, donde haya más justicia y más amor; donde los hombres se llamen hermanos y donde la palabra guerra y odio desaparezcan del diccionario.

-Queremos hacer un mundo nuevo, en que los hombres se ayuden y compartan como hermanos; donde los débiles no tengan que salir perdiendo, y las puertas de las casas puedan dejarse abiertas sin temor.

-Queremos hacer un hombre nuevo, sentir con un corazón nuevo, hablar con palabras de amistad, escuchar sonidos armoniosos y cantos de alegría, tener pensamientos de unión y de paz. Y sentir a Dios cerca de nuestras vidas.

-Por todo eso, queremos navegar a lo largo de la Cuaresma, con ORACIÓN y con ESFUERZO, llevando muy cerca de nosotros el ESPÍRITU del Señor. Que nuestras palabras no sean palabras huecas. Que nuestros pensamientos no sean pensamientos vacíos. De verdad, todos:

 

 

 

 

 

Oración:

 

Señor, un día cayó agua sobre esta frente

que hoy lleva el sello de la ceniza.

Era el agua bautismal que no se ha secado aún,

pero que se ha llenado de lodos y fango.

El camino polvoriento nos manchó

y nos mancharon los otros que con nosotros caminan.

Venimos ante ti, Señor,

reconocemos que no cumplimos tu voluntad,

pero, Señor, tú sigues siendo nuestro Dios

y, con nuestra fragilidad a cuestas,

no dejamos de marchar hacia Ti,

hasta que tu mano nos acaricie

y recibamos el beso de la acogida que nos prometes.

Tú que vives...

 

Bendición:

 

Recordemos alguno de los mensajes de este día: “Rasgad los corazones, no las vestiduras y convertios al Señor”, “cuando hagas limosna, cuando reces, cuando ayunes... que no lo note la gente, sino tu Padre que ve en lo escondido”. Por tanto, hermanos, dejémonos reconciliar por Dios y vivamos ya desde ahora atraídos por el desafío de la Pascua.

 

Que la Bendición de Dios Todopoderoso...