Domingo 19º T.O. C

Domingo XIX del Tiempo Ordinario / C

 

Monición de entrada

 

Buenas tardes   /   Buenos días…    Nos reunimos con alegría en torno al altar del Señor para celebrar su presencia y, también, para que nunca nos falte su aliento y su poder en medio de nuestra misión como cristianos y en medio de nuestra vida cristiana.

 

Ojala que, si el Señor viniera ahora, nos encontrase cantando sus alabanzas, trabajando por su reino y –sobre todo- dando la cara por El. ¿Lo hacemos? Pidámoselo hoy en esta Eucaristía…

 

 

Monición a las Lecturas

 

Las lecturas que vamos a escuchar en este día, tienen algo en común: para dar gusto a Dios, hay que permanecer unidos con los demás, dejarnos llevar por El, confiar en El y quitar importancia a lo que es secundario en el vivir de cada día. Escuchemos con atención.

 

 

Peticiones

 

1. Por la iglesia. Para que cuide, abrillante y de a conocer el gran tesoro de la fe que es Cristo. Roguemos al Señor.

 

2. Por todos los cristianos. Para que seamos audaces, valientes, comprometidos y enamorados con la causa de Jesús. Roguemos al Señor.

 

3. Para que potenciemos la solidaridad y la fraternidad. Para que no nos conformemos con creer individualmente sino celebrar la presencia del Señor en comunidad. Roguemos al Señor.

 

4. Para que confiemos un poco más en Dios. Para que no lo dejemos en la orilla de nuestros intereses y problemas. Roguemos al Señor.

 

 

LECTURAS DOMINGO 19º T.O. C

   

   Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (18,6-9):

La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

Palabra de Dios

 

   Salmo

Sal 32,1.12.18-19.20.22

R/.

 Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Aclamad, justos, al Señor, 
que merece la alabanza de los buenos. 
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, 
el pueblo que él se escogió como heredad. R/. 

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, 
en los que esperan en su misericordia, 
para librar sus vidas de la muerte 
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor: 
él es nuestro auxilio y escudo; 
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti. R/.

 

   Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (11,1-2.8-19):

La fe es la garantía de las cosas que se esperan, la prueba de aquellas que no se ven. Por ella recibieron testimonio de admiración los antiguos. Por la fe Abrahán, obedeciendo la llamada divina, partió para un país que recibiría en posesión, y partió sin saber a dónde iba. Por la fe vino a habitar en la tierra prometida como en un país extranjero, viviendo en tiendas de campaña, con Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa. Porque él esperaba la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe recibió también Sara el poder de concebir, fuera de la edad propicia, porque creyó; en la fidelidad de aquel que se lo había prometido. Precisamente por esto, de un solo hombre, ya casi muerto, nació una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo y como los incontables granos de arena que hay en las playas del mar. Todos éstos murieron en la fe sin haber obtenido la realización de las promesas, pero habiéndolas visto y saludado de lejos y reconociendo que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Ahora bien, aquellos que hablan así demuestran claramente que buscan la patria. Y si ellos hubiesen pensado en aquella de la que habían salido, hubiesen tenido oportunidad para volver a ella. Ellos, en cambio, aspiraban a una patria mejor, es decir, celeste. Por eso Dios no se avergüenza de ellos, de llamarse «su Dios», porque les ha preparado una ciudad. Por la fe Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; e inmolaba a su hijo único a aquel que había recibido las promesas, a aquel de quien le había sido dicho: De Isaac saldrá una descendencia que llevará tu nombre. Porque pensaba que Dios tiene poder incluso para resucitar a los muertos. Por eso recobró a su hijo. Esto es un símbolo para nosotros.

Palabra de Dios

 

   Evangelio del domingo

Evangelio según san Lucas (12,32-48), del domingo, 7 de agosto de 2016

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,32-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.» 
Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?» 
El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Palabra del Señor

 

Homilía Domingo XIX del TO / C

 

Dios vino, viene y vendrá. El hombre espera, acoge y vigila. Pero, en paralelo a estas dos corrientes (Dios viene y el hombre espera), avanza otra más desde que, algunos hombres, decidieron apagar el faro de una vigilancia real y activa.

 

Otros, en cambio, aún con limitaciones seguimos esperando, acogiendo y espabilados para que las costas de nuestras almas y de nuestros corazones, no se vean impregnadas por la contaminación de las últimas ideas de turno invitando a la deserción, al descrédito de la iglesia (aunque tenga cosas negativas). etc.

 

1.- Viene el Señor. De muchas maneras y en muchas circunstancias. Otra cosa es que (ajenos a la vigilancia) estemos tan distraídos que no sepamos mirar en la dirección por donde Dios sopla, viene y habla.

 

En este domingo mi pensamiento se va a la orilla de cualquier costa sembrada por los legendarios faros. Siempre encendidos y con su importante cometido: vigilando para que los barcos lleguen a buen puerto.

 

La vigilancia cristiana puede estar perfectamente representada por ese faro que espera a que su Señor llegue en cualquier momento. ¿Por qué? Para que, si el Señor se acerca, no encuentre obstáculos para entrar en la vida de los que creemos en El. Para que, si el Señor se decide presentarse definitivamente, nos encuentre oteando el horizonte con los prismáticos de la oración, de la escucha y meditación de su Palabra, de la riqueza de corazón, intentando cumplir su voluntad y comprometidos en el mundo con los esquemas de su reino.

 

2.- Existe una vieja leyenda en mi parroquia sobre un escultor de un Cristo penitente del siglo XVII. Había tallado y finalizado su obra cuando, de una forma imprevisible, la imagen le habló: “¿dónde me has visto que tan bien me has tallado? El artista le contestó: “en mi corazón Señor”.

 

En el corazón es donde hemos de guardar un lugar privilegiado para que Dios siga hablando y nos siga diciendo algo. Es donde valoramos profundamente la verdad de las cosas y la esterilidad de lo aparentemente bonito. Es donde orientamos la veleta de nuestra existencia y donde se disparan también las luces de alarma cuando nos alejamos del Señor. Es donde nos vamos haciendo idea de un Dios que, lejos de amenazar, nos dice que viene y que por lo tanto hemos de estar vigilantes.

 

3.- Puede ser que el momento coyuntural que estamos viviendo nos invite y nos empuje a soplar e ir apagando esos destellos de vigilancia, que pueden ser:

 

-La Eucaristía para esperar bien alimentados

 

-La comunión con la iglesia, para esperar bien sintonizados con Dios

 

-La escucha de la Palabra, para esperar distinguiendo lo bueno de lo malo

 

-Las buenas obras, para esperar con el testimonio de la fe

 

Puede ser que el mundo se empeñe en pontificar que es de día cuando, en realidad, bastantes almas y bastantes contemporáneos nuestros viven en una interminable e insoportable noche.

 

Frente a ello seguiremos subiendo hasta la azotea de nuestra vida para encaminarnos con fe y con esperanza hacia el futuro.

 

--Necesitamos despertar de tanta pesadilla que nos amordaza y nos mantiene presos del pasado.

 

--Necesitamos ser “guardas jurados” de nuestra vida cristiana para que, cuando el Señor arribe, nos encuentre creyendo, amando, cantando y pregonando sus alabanzas.

 

Ojalá que, cuando el Señor venga, no pase de largo al ver las luces de nuestros corazones apagadas.

 

 

HOMILÍA DEL PADRE DAMIÁN

 
Vivimos en un mundo donde la mayoría de las personas anda agobiada por muchas cosas: el trabajo, la salud, el prestigio, la familia, los planes de futuro... Vivimos con el alma en vilo, de esas situaciones surge lo inevitable, el miedo, la inseguridad...

 

Hoy, como siempre, Jesús nos invita a la confianza; "No temas, pequeño rebaño..." Jesús no pretende negar los problemas y las dificultades de la vida... Jesús nos quiere decir que Dios nos ama tanto que nos ha dado el tesoro del Reino, su AMOR.

 

Y es que agotamos tiempo y esfuerzo intentando sujetar todo con nuestras manos ( la vida, el amor...) queremos controlar lo incontrolable ( el tiempo, el futuro...)

 

Hoy el Señor nos invita a hacer las cosas como si todo dependiera de nosotros, pero sabiendo y creyendo que todo depende de Él.

 

Nos cuesta abandonarnos en Dios... pero es curioso cómo no nos cuesta abandonarnos y dejar nuestras vidas en cosas y personas con la mayor normalidad ( nos montamos en un coche con un desconocido, confiamos nuestros hijos a un sistema escolar durante horas, votamos y nos ponemos en manos del que gobierna...).

 

Jesús hoy nos enseña que para que el miedo no nos invada y paralice, además de confiar en Dios, hay que evitar también aquellas situaciones que, de producirse, nos llenarían de miedo...

 

CONFIANZA y PRUDENCIA

 

Dos actitudes que, sin duda, cambiarán y mejorarán nuestra vida...