Cómo terminar el Adviento y preparar la Navidad

SUGERENCIAS PARA VIVIR LA NAVIDAD

 

Siguiendo lo que nos dice san Juan Bautista, si deseas celebrar una Navidad alegre y fecunda, te ofrezco estas sugerencias:

1) La primera, remover los obstáculos. Puede venirte bien una confesión. Procura mirarte a la luz de Dios y no dudes en acudir a este sacramento: con humildad, sinceridad, confianza y propósito de cambiar aquellas actitudes que no están en sintonía con el Evangelio. Centra tu atención y tus esfuerzos en la principal de ellas. Tienes un buen ejemplo de examen de conciencia en la carta de san Pablo a los Gálatas, 5, 19-23. No importa que haga años que no te confiesas, lo que cuenta es centrar tu atención en Dios, en la misericordia de Dios, para acogerla y disfrutarla. En nuestra parroquia puedes confesar todos los días, durante la media hora que precede a la santa misa.

2) La segunda, que busques espacios de silencio, para abrir de par en par las puertas del corazón a Jesucristo. Quizá puedas visitar un templo fuera de las horas de culto: Habla con Dios, acrecienta tu deseo de Dios, pídele que te ayude a descubrir su rostro y pon en sus manos todo aquello que te preocupa. Lo malo, para pedir ayuda; y lo bueno, para darle gracias.

3) Después, siguiendo aquello de que el que tenga dos túnicas, que dé una a quien no tiene, examina con los tuyos los gastos que os podéis permitir, incluyendo los de Reyes y fin de año. Después, decidid qué porcentaje vais a compartir. Superior al 10%. Quizá conozcas a amigos, vecinos, familiares o compañeros de trabajo que lo están pasando mal. Siempre hay una manera delicada de entregárselo. Y si no, dáselo a Cáritas de tu parroquia, que sabrá bien qué hacer con ello.

4) Además, es posible que haya alguna persona cerca de tu casa que esté sola. Siempre hay personas mayores que no tienen a nadie... Intenta hacerte cercano y pensar en esa persona, invitándole a comer, o mandándole algún detalle... 

5) Finalmente, no faltes a la misa del gallo. En familia. Que lo importante de esa noche no es la cena en familia, sino la celebración del nacimiento del Hijo de Dios.

 

 

    Y con el corazón, te deseo a tí y a todos los tuyos una Feliz, Santa, y Buena Navidad con Jesús...

 

 

                                                         Damián (tu párroco y amigo)

 

 

¿Qué esperamos en este Adviento?

1) Para saber

Decía el Papa Benedicto XVI que la Iglesia, al iniciar un nuevo Año Litúrgico, empieza un nuevo camino de fe que nos lleva a mirar, por una parte, hacia el pasado: recordar el acontecimiento del nacimiento de Jesucristo; y por otra, a vislumbrar el futuro: esperar la segunda venida gloriosa del Hijo de Dios, cuando vendrá a juzgar a vivos y muertos.

Seguía diciendo el Pontífice que “esperar” es una dimensión que abarca toda nuestra existencia personal, familiar y social. La espera está presente en mil situaciones, desde las más pequeñas hasta las más importantes. Pensemos, por ejemplo, en la espera ilusionante de un hijo por parte de dos esposos; a la de un amigo que viene a visitarnos de lejos; pensemos, para un joven, en la espera del éxito en un examen decisivo, o de una entrevista de trabajo; en la ansiosa espera del encuentro con la persona amada, de la respuesta a una carta, o de la acogida de un perdón... Se podría decir que el hombre está vivo mientras espera, mientras en su corazón está viva la esperanza. Al hombre se le reconoce por sus esperas: nuestra “estatura” moral y espiritual se puede medir por lo que esperamos, por aquello en lo que esperamos.

Haciendo referencia a un conocido refrán podríamos decir: “Dime qué esperas, y te diré qué persona eres”.

2) Para pensar

De entre todas las esperanzas, la que ha de ser fundamento de todas ellas es la que tenemos en Dios. El nacimiento de Cristo nos refuerza la esperanza de un día resucitar, de obtener la vida eterna.

Se dice que Benjamín Franklin, ya tenía a la edad de veintitrés años escrito el epitafio que quería se pusiera sobre su tumba. Para comprenderlo mejor, hay que recordar que a los doce años trabajó como aprendiz en una imprenta, lo cual lo llevó a ser un gran lector e impresor. Así decía la composición que deseaba se escribiera al morir: «Aquí yace, pasto de los gusanos, el cuerpo de Benjamín Franklin, impresor. Como las cubiertas de un libro cuyas hojas están rotas, y cuya encuadernación está gastada; pero la obra no se perderá porque reaparecerá, según él cree, en una nueva edición revisada y corregida por el Autor».

La primera venida de Cristo nos aviva la esperanza de la resurrección de los muertos en su segunda venida al fin de los tiempos.

 

3) Para vivir

El Papa nos invita a preguntarnos en este Tiempo de Adviento: Yo, ¿qué espero? Y hacer esta misma pregunta a nivel de familia, de comunidad, de nación. ¿Qué es lo que esperamos, juntos?

La Santísima Virgen esperaba fervientemente la llegada del Salvador. Por ello Jesús pudo encontrar en ella una madre digna. El Papa nos invita a aprender de Ella, Mujer del Adviento, a renovarnos con un espíritu nuevo; a intensificar la oración y la meditación de la Palabra de Dios, para que se avive el deseo de salir al encuentro de Cristo, cuya primera venida recordamos con gozo, mientras nos preparamos a su segunda venida, con atenta vigilancia y ardiente caridad. Procuremos acompañarnos este Tiempo de María Santísima, a fin de que avive nuestra esperanza en su Hijo, el Salvador.

SUGERENCIAS PARA VIVIR LA NAVIDAD

 

Siguiendo lo que nos dice san Juan Bautista, si deseas celebrar una Navidad alegre y fecunda, te ofrezco estas sugerencias:

1) La primera, remover los obstáculos. Puede venirte bien una confesión. Procura mirarte a la luz de Dios y no dudes en acudir a este sacramento: con humildad, sinceridad, confianza y propósito de cambiar aquellas actitudes que no están en sintonía con el Evangelio. Centra tu atención y tus esfuerzos en la principal de ellas. Tienes un buen ejemplo de examen de conciencia en la carta de san Pablo a los Gálatas, 5, 19-23. No importa que haga años que no te confiesas, lo que cuenta es centrar tu atención en Dios, en la misericordia de Dios, para acogerla y disfrutarla. En nuestra parroquia puedes confesar todos los días, durante la media hora que precede a la santa misa.

2) La segunda, que busques espacios de silencio, para abrir de par en par las puertas del corazón a Jesucristo. Quizá puedas visitar un templo fuera de las horas de culto: Habla con Dios, acrecienta tu deseo de Dios, pídele que te ayude a descubrir su rostro y pon en sus manos todo aquello que te preocupa. Lo malo, para pedir ayuda; y lo bueno, para darle gracias.

3) Después, siguiendo aquello de que el que tenga dos túnicas, que dé una a quien no tiene, examina con los tuyos los gastos que os podéis permitir, incluyendo los de Reyes y fin de año. Después, decidid qué porcentaje vais a compartir. Superior al 10%. Quizá conozcas a amigos, vecinos, familiares o compañeros de trabajo que lo están pasando mal. Siempre hay una manera delicada de entregárselo. Y si no, dáselo a Cáritas de tu parroquia, que sabrá bien qué hacer con ello.

4) Además, es posible que haya alguna persona cerca de tu casa que esté sola. Siempre hay personas mayores que no tienen a nadie... Intenta hacerte cercano y pensar en esa persona, invitándole a comer, o mandándole algún detalle... 

5) Finalmente, no faltes a la misa del gallo. En familia. Que lo importante de esa noche no es la cena en familia, sino la celebración del nacimiento del Hijo de Dios.

 

 

    Y con el corazón, te deseo a tí y a todos los tuyos una Feliz, Santa, y Buena Navidad con Jesús...

 

 

                                                         Damián (tu párroco y amigo)

 

 

¿Qué esperamos en este Adviento?

1) Para saber

Decía el Papa Benedicto XVI que la Iglesia, al iniciar un nuevo Año Litúrgico, empieza un nuevo camino de fe que nos lleva a mirar, por una parte, hacia el pasado: recordar el acontecimiento del nacimiento de Jesucristo; y por otra, a vislumbrar el futuro: esperar la segunda venida gloriosa del Hijo de Dios, cuando vendrá a juzgar a vivos y muertos.

Seguía diciendo el Pontífice que “esperar” es una dimensión que abarca toda nuestra existencia personal, familiar y social. La espera está presente en mil situaciones, desde las más pequeñas hasta las más importantes. Pensemos, por ejemplo, en la espera ilusionante de un hijo por parte de dos esposos; a la de un amigo que viene a visitarnos de lejos; pensemos, para un joven, en la espera del éxito en un examen decisivo, o de una entrevista de trabajo; en la ansiosa espera del encuentro con la persona amada, de la respuesta a una carta, o de la acogida de un perdón... Se podría decir que el hombre está vivo mientras espera, mientras en su corazón está viva la esperanza. Al hombre se le reconoce por sus esperas: nuestra “estatura” moral y espiritual se puede medir por lo que esperamos, por aquello en lo que esperamos.

Haciendo referencia a un conocido refrán podríamos decir: “Dime qué esperas, y te diré qué persona eres”.

2) Para pensar

De entre todas las esperanzas, la que ha de ser fundamento de todas ellas es la que tenemos en Dios. El nacimiento de Cristo nos refuerza la esperanza de un día resucitar, de obtener la vida eterna.

Se dice que Benjamín Franklin, ya tenía a la edad de veintitrés años escrito el epitafio que quería se pusiera sobre su tumba. Para comprenderlo mejor, hay que recordar que a los doce años trabajó como aprendiz en una imprenta, lo cual lo llevó a ser un gran lector e impresor. Así decía la composición que deseaba se escribiera al morir: «Aquí yace, pasto de los gusanos, el cuerpo de Benjamín Franklin, impresor. Como las cubiertas de un libro cuyas hojas están rotas, y cuya encuadernación está gastada; pero la obra no se perderá porque reaparecerá, según él cree, en una nueva edición revisada y corregida por el Autor».

La primera venida de Cristo nos aviva la esperanza de la resurrección de los muertos en su segunda venida al fin de los tiempos.

 

3) Para vivir

El Papa nos invita a preguntarnos en este Tiempo de Adviento: Yo, ¿qué espero? Y hacer esta misma pregunta a nivel de familia, de comunidad, de nación. ¿Qué es lo que esperamos, juntos?

La Santísima Virgen esperaba fervientemente la llegada del Salvador. Por ello Jesús pudo encontrar en ella una madre digna. El Papa nos invita a aprender de Ella, Mujer del Adviento, a renovarnos con un espíritu nuevo; a intensificar la oración y la meditación de la Palabra de Dios, para que se avive el deseo de salir al encuentro de Cristo, cuya primera venida recordamos con gozo, mientras nos preparamos a su segunda venida, con atenta vigilancia y ardiente caridad. Procuremos acompañarnos este Tiempo de María Santísima, a fin de que avive nuestra esperanza en su Hijo, el Salvador.