SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO A

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenas tardes   /   Buenos días… Bienvenidos, hermanos y amigos, a esta celebración con la que –de la mano de Juan Bautista- seguimos preparándonos a la llegad de Jesús.

¿En qué necesitamos cambiar? Dios, en Navidad, se va hacer hombre para que entendamos que, la humildad, es un camino para llegar hasta los demás.

¿Seremos capaces de saltar tantas barreras y obstáculos que nos impiden recibir a Jesús?

Que esta Eucaristía nos anime, nos ayude a entender que la llegada de Cristo ha de suponer en nosotros un deseo de recibirle con unos sentimientos nobles, buenos y afables.

 

PETICIONES

 

1. Por la Iglesia. Por el Papa, obispos y sacerdotes. Que su voz sea llamada a no olvidar al Señor que viene a nuestro encuentro. Roguemos al Señor.

2. Por todas las personas que nos ayudan a no quedarnos en lo superficial, a superarnos y a crecer en lo bueno. Roguemos al Señor.

3. Por las familias que se encuentran en el desierto de la crisis, de la soledad, de la violencia o de las injusticias. Roguemos al Señor.

4. Para que no confundamos el mal con el bien. Para que la próxima Navidad nos ayude a ser mejores cristianos. Roguemos al Señor.

5. Para que, el Nacimiento del Señor, sea un motivo para decorar nuestras casas con símbolos cristianos. Roguemos al Señor.

 

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (11,1-10):

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas. Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 71,1-2.7-8.12-13.17

R/.

 Que en sus días florezca la justicia, 
y la paz abunde eternamente

Dios mío, confía tu juicio al rey, 
tu justicia al hijo de reyes, 
para que rija a tu pueblo con justicia, 
a tus humildes con rectitud. R/.

Que en sus días florezca la justicia 
y la paz hasta que falte la luna; 
que domine de mar a mar, 
del Gran Río al confín de la tierra. R/.

Él librará al pobre que clamaba, 
al afligido que no tenía protector; 
él se apiadará del pobre y del indigente, 
y salvará la vida de los pobres. R/.

Que su nombre sea eterno, 
y su fama dure como el sol: 
que él sea la bendición de todos los pueblos, 
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (15,4-9):

Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así dice la Escritura: «Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre.»

Palabra de Dios

Evangelio del domingo

Evangelio según san Mateo (3,1-12), del domingo, 4 de diciembre de 2016

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (3,1-12):

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»
Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."» 
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán. 
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizará, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.»

Palabra del Señor

 

HOMILÍA DEL PADRE DAMIÁN (AUDIO-PINCHAR)

 

HOMILÍA DEL PADRE DAMIÁN

 
Algo pasa en nuestra vida... vamos acumulando años y con los años vienen los achaques, las dificultades, la falta de fuerza...

Hay personas que acumulan años a su vida mientras que hay otras que acumulan vida a sus años... Y a eso se nos invita hoy...

La 1ª lectura nos ha dicho que brotará un renuevo del tronco de Jesé...( que de lo viejo puede nacer algo nuevo...) y eso se consigue sin perder la Esperanza y CONVIRTIÉNDOSE...

Con esperanza (con ánimo) y quítando dentro de nosotros aquéllo que estorba o hace que no crezca brote nuevo.

Y es que como dice Juan el Bautista hoy: " para preparar el camino del Señor hay que prepararse primero por dentro ".

Solemos pensar que no tengo nada de qué convertirme, todo en mí es bueno, y el secreto para descubrir nuestros defectos consiste en AMAR MUCHO.

"Quien mucho ama, más querrá quitarse lo que le estorba para amar más..."

Una persona que ama no duda en pedir perdón cuando se equivoca...

Alguien viene de visita... y es necesario barrer, limpiar, decorar nuestra casa... hagamos lo mismo con nuestro corazón...

Mala sensación produce la dejadez y la suciedad...

 

HOMILÍA DOMINGO 2º DE ADVIENTO A

 

1.- Convertirse es cambiar la mente y el corazón y, consecuentemente, la conducta. Es pensar distinto de cómo pensábamos, amar distintamente de cómo amábamos y comportarnos de una manera distinta de cómo nos comportábamos. Pero esto no se consigue en un momento y ya está. En un momento podemos tomar la decisión de convertirnos racional y afectivamente, y de comenzar a vivir de manera consecuente con nuestro propósito de conversión. Esto no es más que el inicio de la conversión, el punto de arranque; a partir de este momento comienza el camino de la conversión. Un camino que puede y debe durar durante toda la vida.

Una conversión que no se prolongara más allá del momento de arranque y que no durara toda la vida no sería propiamente una conversión cristianamente ejemplar y paradigmática. Decimos que San Pablo y San Agustín y San Francisco y muchos más se convirtieron porque su propósito de conversión duró toda su vida. Aquí estamos sólo hablando de conversiones al Dios de Jesucristo, de conversiones cristianas. En este sentido se puede afirmar que conversiones iniciadas y no continuadas las ha habido con mucha frecuencia en la vida de muchas personas.

Se necesita mucha gracia de Dios para iniciar la conversión, pero no se necesita menos gracia de Dios para recorrer el camino de conversión hasta el final. Es muy probable que la mayor parte de las personas que abren esta página de Betania sean personas que ya han tomado hace mucho tiempo el propósito de convertirse. En este segundo domingo de adviento es bueno que todos renovemos nuestro propósito de conversión. Y le pedimos a Dios que no nos abandone su gracia para que recorramos nuestro camino de conversión hasta el final de nuestra vida. Porque nunca hemos terminado de convertirnos, mientras vivimos.

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1.- En este segundo domingo de adviento, metidos ya en el mes de diciembre, con la Navidad cada vez más cerca, la Palabra de Dios nos invita a la esperanza. Pero pensaba yo que “el patio anda muy revuelto” por ahí fuera. La crisis no da tregua, encima los coreanos se han puesto “manos a la guerra” por las dichosas fronteras, las noticias da pena verlas porque todo son catástrofes, maltratos, violencia, enfrentamientos, discusiones. Hasta nuestros niños se enfrentan como los futbolistas que, puestos a imitarlos en todo, les imitan también cuando se pelean. Será que verdaderamente la Palabra que necesitamos escuchar es de esperanza.

--¿Esperanza por qué? En primer lugar, porque “Dios está cerca”, lo ha estado siempre y siempre lo estará. Y estas situaciones que vivimos son necesariamente transformables. Pero esto no es nuevo. Ya andaba Juan el Bautista diciendo aquello de “convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Y qué razón tiene, porque así no podemos descubrir a ese Dios cercano que se hace niño y viene a nacer entre nosotros. Tenemos la “habitación (del corazón) hecha unos zorros”, como se suele decir, y toca ponerse a “emparejar” (ordenar en lenguaje de la Vega Baja). Pero eso también lo decía ya Juan: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Toda la vida es un estado permanente de conversión, de cambio, de transformación, primero interior, y después exterior.

--Esperanza también porque ese niño-Dios que viene a nacer entre nosotros es ese “renuevo del tronco de Jesé” en el que “se posará el espíritu del Señor”. Ese Espíritu es el que nos hace cercano a Dios y el que hará posible nuestra conversión, no sin nuestra colaboración, claro está. Ese Espíritu es el que guió a Jesús a lo largo de su vida y es el que también nos guía a nosotros, como Iglesia, para ser signo de su presencia en nuestro mundo. Ese Espíritu es el que, en palabras del profeta Isaías, “juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados”, es decir, que “allanará los caminos” para que Dios pueda venir a nacer entre nosotros.

--Esperanza finalmente en lo que el profeta Isaías llama “aquel día”. Ese será el día definitivo. Me recordaba a la canción de Labordeta que dice: “Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad”. Es una esperanza soñadora la de Isaías, pero que no ha de quitar nuestros pies del suelo, ni nuestras manos de la realidad. Es la esperanza teologal en un futuro mejor en el que Dios “recapitulará todas las cosas en su Hijo Jesús”. Hasta entonces, “manteneos en la esperanza”, dice San Pablo, no perdáis de vista la realidad, necesitada de transformación y de transformadores, pero en solidaria armonía. Porque mañana seguirán saliendo malas noticias por televisión, y seguiremos necesitando el Espíritu del Señor para ser signos de su presencia salvadora en medio de este mundo que muchas veces quiere quitárselo de en medio. Y mañana habrá que mantener la esperanza.

2.- La Eucaristía es el motor de nuestra fe y de nuestra esperanza. La Eucaristía anticipa ese “día” en que Dios lo hará todo nuevo. La Eucaristía nos fortalece para salir a la vida y dar lo mejor de nosotros mismos. En la Eucaristía, Jesús aparece como el modelo a imitar, dejándonos guiar en todo por su Espíritu Santo. Que la Eucaristía nos ayude a caer en la cuenta de que no caminamos solos, de que no transformamos solos, de que no hemos de convertirnos nosotros solos, sino como Iglesia, “unánimes, a una voz”, en comunidad.

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Cuántos de nosotros después de asistir a distintas adaptaciones de películas o montajes musicales, hemos concluido: “me gusta más ésta o aquella”.

1.- Inmersos en el adviento sale a nuestro encuentro un personaje singular, con sabor a desierto y a sobriedad, a grito y a cambio, a renovación e interpelación a la penitencia: Juan Bautista.

A nadie se nos escapa que, el ser cristiano, tiene un peligro: estar sumergidos en el mundo nos puede llevar a un descafeinado o debilitamiento de lo que es sustantivo en nuestra identidad cristiana.

La Navidad, con la celebración del acontecimiento del Nacimiento del Señor, nos estimula a una versión totalmente renovada de nuestra vida. Y es que, nuestro vivir, nuestro pensamiento o nuestro ser…puede que a veces se quede un tanto desfasado. O mejor dicho; puede que, estén tan bien amoldados a la realidad mundana, que se hayan alejado totalmente de lo que el evangelio debiera de significar para nosotros. ¿O no es así?

El adviento, en este segundo domingo, nos invita a cambiar el “chip”. ¡Conversión! ¡Nueva versión para nuestra vida! ¡Llega Jesús! Para que, el Señor se adentre en nuestra existencia necesitamos una versión distinta de nuestra vida, unas miradas diferentes, unas actitudes de esperanza, vigilancia y respuesta. ¿Encontrará el Señor, cuando llegue, una interpretación diametralmente opuesta (en palabras y obras) a la de aquellos que no esperan ni desean nada de El?

2. Juan es el clamor de la Iglesia que, por activa y por pasiva, nos incita a tener levantadas las antenas de la fe. ¿Hacia dónde tenemos puestos nuestros objetivos, deseos o afanes de superación?

Juan es la novedad de toda la Iglesia que, ante la Navidad, aviva en nuestro interior el ímpetu de salir al encuentro del Señor que viene. ¿Seremos capaces de preparar una digna morada, unos buenos caminos para que, el Niño, nazca con todas las consecuencias y no nos encuentre arrodillados ante otros dioses?

Juan, el Bautista, es la voz que nunca se cansa. El pregón en el inmenso desierto en el que muchos se han perdido. El grito que no pretende otra cosa sino la felicidad de la humanidad; la vuelta a Dios de aquellos hombres y mujeres que, confundidos por el ruido del mundo, necesitan escuchar un dulce mensaje: ¡Dios viene a salvarnos!

3. Tal vez, el adviento, nos sugiera ser más un tiempo de esperanza, de alegría que de penitencia. Pero ¿acaso la llegada de un nuevo miembro a la familia no es motivo para una limpieza más exhaustiva y delicada de todo el interior de la casa? ¿Acaso, el Señor, no merece que –aquello que desafina y no está atinado en nuestra forma de ser- sea cambiado para que su Nacimiento sea algo real y palpable en lo más hondo de nuestras entrañas?

El adviento, por ser tiempo de esperanza…también es época de poda. De cortar aquellas ramas que, en el tronco de nuestras personas, pesan o aparentan más de lo que son, sobran o no dan fruto, son frondosas por fuera...pero quién sabe si no están huecas por dentro. ¿O es que Dios no merece eso y mucho más?

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Título: Una voz en el desierto

Tema: Preparándonos para el Rey que viene (que se acerca). Adviento 2-A

Objeto: Algún equipo de limpieza. (mapo, cubo, escoba, etc.).

Escritura:  En aquellos días se presentó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. Decía: "Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca." Juan era aquel de quien había escrito el profeta Isaías: 'Voz de uno que grita en el desierto: Preparen el camino para el Señor, háganle sendas derechas'" (Mateo 3:1-3 - NVI).

¿Mantienes tu cuarto limpio y recogido siempre?  ¿Has recogido todos los juguetes?  ¿Tienes ropa tirada en el piso o en el espaldar de una silla? ¿Hiciste tu cama esta mañana? ¿Hay algunas motitas de polvo escondiéndose debajo de tu cama? Si tú supieras que voy a visitarte esta tarde, ¿tendrías que ir rápidamente a tu casa para asegurarte de que todo está en orden?

Mi mamá era una buena ama de casa, y a pesar de que para mí la casa siempre lucía bien, recuerdo lo que sucedía cuando mi mamá se enteraba de que venía alguna visita.  Ella sacaba la escoba, el mapo y cubo, esponjas, limpiador de cristales, el limpiador de baño, pañitos y el aceite de limpiar los muebles.  Entonces nos llamaba a todos los hijos y nos asignaba tareas a cada uno de nosotros.  Cuando terminábamos ella cotejaba que todo estuviera bien y que no hubiese partícula de polvo alguna.

¿Puedes imaginar cómo hubiese sido si estuviéramos esperando la visita de alguien realmente importante, alguien como un rey o una reina?  Nuestra lección bíblica de hoy trata de eso.  La venida de un Rey.  ¡No cualquier Rey, sino el Rey de Reyes! ¡Jesús!

La Biblia nos dice que en los días antes de que Jesús comenzara su ministerio, un hombre llamado Juan comenzó a predicar y a decirle al pueblo que se preparara para la venida del Rey. 

Cuando Juan les dijo que se prepararan para el Rey, no significaba que debían ir a su casa a barrer el piso, recoger sus juguetes y vestir sus camas.  Lo que quería decir era que tenían que preparar sus corazones.  ¿Cómo? Arrepintiéndose de sus pecados y buscando de Dios. 

Cuando ellos hicieran esto, Juan los bautizaría en el Río Jordán.  Así fue que llegó a tener el nombre de "Juan el Bautista."

Es muy importante que tú y yo tengamos también nuestro corazón listo para la venida del Rey.