Misa del Gallo A (Homilía y vídeos)

HOMILÍA MISA DEL GALLO A

 

Por fin, antes de que cante el gallo, anteponiéndose y adelantándose al saludo del sol… en esta misteriosa noche, Dios, sin demasiado ruido, casi de puntillas…aparece, nace y comparte nuestra condición humana.

 

1.- Nunca, la altura estuvo tan arras del suelo y, jamás el camino del hombre, estuvo tan encumbrado en las alturas: ¡Dios se hace hombre y, el hombre, alcanza al mismo Dios! ¿En dónde? En un simple pesebre.

Bendita sea esta Navidad. Esta noche en la que, en el silencio, Dios nos hace escuchar y comprender la grandeza y el secreto de estos días: su inmenso amor.

Dios sale a nuestro paso, Dios se hace fiador, Dios pone toda su omnipotencia al servicio de la humanidad.

 

Parece como si, antes de que el gallo cantara, el Señor se arrodillase ante el hombre para decirle: ¡qué más quieres que haga por ti!

 

-Soy Dios y me hago como tú, hombre

 

-Estoy en los cielos, y desciendo vertiginosamente a la tierra

 

-Soy Divino y…toco en todo, menos en el pecado, todas vuestras entrañas. ¿Todavía queréis más?

 

2 http://lab.woodward....html.- En esta noche, los ángeles, interrumpen nuestro sueño. En adviento estábamos en vela, ahora, los ángeles nos instan a ponernos en camino para adorar al Dios que ha bajado a la tierra. Un gran acontecimiento nos sigue sorprendiendo a una gran parte del mundo: Dios se hace hombre.

 

Algunos, como los contemporáneos del Niño Jesús, no se percatarán de su nacimiento

 

3.- Otros, cerrando sus corazones, serán reflejo de aquellas otras posadas que dijeron ¡no! al paso de la Familia Sagrada

 

Y, otros más, entretenidos en sus cosas, en su mundo y mirando a otra parte…serán incapaces de descubrir, ver y seguir el destello de una estrella que conduce hasta el Dios Humanado. ¡Gracias, Señor!

 

--Puede que, como los pastores, también nosotros veamos unos simples pañales, un austero portal.

 

--Puede que, como los pastores, nuestros ojos no descubran nada extraordinario. Pero, es que en esa aparente invisibilidad del señorío de Dios, está la dignidad de su pobreza y la pobreza en su grandeza. Sólo, con un corazón sobrecogido por el misterio, podremos ver el prodigio que está contenido en un mísero establo. Nunca, tanta riqueza, se hizo tan gran mendigo para solicitar del hombre eso: cariño, amor, ternura, asombro, respeto, adoración y fe.